
The Last Dance, la serie recientemente estrenada que relata el camino del legendario equipo de los Chicago Bulls en la búsqueda de su sexto campeonato de NBA, nos deja una batería de aprendizajes de todo tipo, y que desde la perspectiva de las organizaciones empresariales debieran ser aprovechados porque sin dudas agregarían mucho valor al desempeño colectivo de las mismas.
El Último Baile es mucho más que una película de basketball que se remite a contar la historia de uno de los equipos mas competitivos del mundo en su disciplina. El excelente producto logrado, es una obra documental bastante mas amplia, ya que nos habla de preparación, talento, esfuerzo y resiliencia, cuenta innumerables ejemplos de identidad y liderazgo, es una biblioteca para el manejo de equipos y egos, para finalmente ponderar a la comunicación como el nexo imprescindible entre la idea y su materialización.
Todo líder organizacional que se precie de tal debiera darle una mirada con los ojos bien abiertos, porque seguramente sumará al bagaje de sus conocimientos en estrategia y táctica, como así tambien abonará a sus conversaciones difíciles , al uso efectivo del tiempo, a la gestión de reuniones de equipo y al manejo efectivo ante entornos inciertos, complejos y ambiguos.
La Ofensiva en triángulos o el empoderamiento a los que saben
Si hay algo que considero sintetiza la filosofía del éxito de aquel equipo liderado por Michael Jordan, Phil Jackson y Scottie Pippen es una herramienta táctica de tremendo poder que fuera su llamada Ofensiva en Triángulos.
Existe una mística inalterable al tiempo que relaciona el triángulo ofensivo que pusieron en practica los Bulls con su éxito inmediato, como si se tratase de una fórmula mágica que pudiese resolver todos los problemas ofensivos de un equipo.
El sistema bajo el cual Phil Jackson y Tex Winter hicieron campeones no solo a los Chicago Bulls sino luego también a Los Ángeles Lakers en diferentes ocasiones, lo ha convertido en un objeto de estudio y análisis por el cual se ha asumido, casi sin cuestionamientos, su infalibilidad en todo tipo de contextos.
Sin embargo, la complejidad del mismo hizo de la “ofensiva triangular” un sistema que precisaba de una serie de variables muy concretas para que se alcanzara el objetivo colectivo marcado.
Si bien no creo necesario abundar en el dibujo táctico de la ofensiva, dado que la idea es asimilarlo al comportamiento de la empresa y no caer en tecnicismos basketbolisticos , lo interesante es ahondar en la sabiduría que la inspira y sus preceptos.
La creencia del triángulo ofensivo era que «todos los jugadores deberían estar plenamente en foco, integrados y armonizados en cada instante o el sistema fallaría «, y se regía por los siguientes principios:
1. Un Juego sin posiciones estáticas, donde en esa ofensiva ningún jugador tenia una posición concreta o determinada, pues todos pasaban por casi todas las posiciones. Una premisa con la que se buscaba generar un jugador lo más completo posible y que fuera capaz de poner en práctica todos los fundamentos del juego al mayor nivel posible.
2. Continuidad, tolerancia y criterio, ya que ese sistema se podia ejecutar de manera ininterrumpida hasta que se presentase una oportunidad clara de anotación. Este es uno de las principales diferencias con las jugadas seteadas que comenzaban y terminaban, acercándose más a la idea de series continuas de movimientos hasta encontrar la mejor opción que la circunstancia de juego presentara en cada instante, lo que requería una dosis adicional de tolerancia y templanza ya que el reloj operaba en cuenta regresiva,
3. Al necesitar de una lectura previa de la defensa adversaria, el sistema servía como un aprendizaje continuo para sus integrantes, pues les forzaba a separar lo que querían hacer de lo que podían hacer. De este modo, los jugadores desarrollaban pensamiento crítico y reacción ante oportunidades concretas para sobreponerse a las trabas que oponían tanto el ámbito como el contrincante.
En palabras del propio Phil Jackson, “ el elemento más positivo radica en que estimula automáticamente la creatividad y la labor de equipo, con lo cual libera a los jugadores de tener que memorizar decenas de jugadas preestablecidas”.
Y continúa el coach: ”El sistema primero ha de comprenderse y no memorizarse, pues no se trata de una serie de secuencias planificadas cerradas que conducen irremediablemente a una oportunidad de campo concreto, pues su apertura e interpretación empodera a los jugadores a que utilicen su mejor criterio para resolver la circunstancia con lo mejor de sus fundamentos ”.
Son muchas las cajas de resonancia que tiene una disciplina colectiva como el basketball , pero con la empresa es con quien mejor se corresponde, ya que su filosofía , sus reglas y su metodología, lo convierten en un excelente proveedor de recursos y soluciones para la mejora del desempeño conjunto que toda organización pretende.
El Último Baile o The Last Dance es precisamente eso, ya que se transforma en una pieza que trasciende largamente al deporte y a sus fanáticos, que vista a través del cristal de la empresa se constituye en un elemento de alto valor, paradójicamente para que las organizaciones puedan continuar danzando .
