Hay consultores y directivos que defienden modelos de gestión como si no admitieran ningún tipo de cuestionamiento. Y empresas que se empeñan en conservarlos incluso cuando ya dejaron de funcionar. Entre mi experiencia directiva, los años dentro del básquet y alguna que otra copa de buen vino, fui llegando a una conclusión bastante menos dogmática. De eso trata esta reflexión: de los modelos de gestión, sus virtudes, sus limitaciones y esa curiosa costumbre de confundir una simple herramienta con una verdad revelada.
Autor: Alejandro Asenjo
El fracaso no enseña nada
Nos encanta repetir que de los errores se aprende. Es una frase reconfortante, pero no necesariamente cierta. Hay organizaciones que fracasan, hacen una reunión, encuentran una explicación conveniente y siguen adelante. Tiempo después tropiezan con la misma piedra, aunque esta vez con una presentación todavía más elegante. Equivocarse no produce conocimiento automáticamente. Para aprender hay que volver sobre lo ocurrido, hacer preguntas molestas y aceptar que el problema quizá no estaba solamente en el mercado, el contexto, los colaboradores o los clientes. En esta reflexión abordo la diferencia entre analizar un fracaso y limitarse a encontrar culpables; entre experimentar responsablemente y repetir errores conocidos; entre aprender de verdad y perder con storytelling.
Estrategia: decir adónde no explica cómo
Muchas organizaciones pueden explicar con precisión dónde quieren estar dentro de tres o cinco años. Tienen objetivos, presupuestos, indicadores y presentaciones impecables. Pero cuando preguntamos qué deberán cambiar para llegar hasta allí, las respuestas suelen volverse bastante menos precisas. Tal vez porque fijar una meta es relativamente sencillo. Lo difícil es reconocer qué está impidiendo alcanzarla, decidir dónde actuar y aceptar que elegir también supone dejar algo afuera. Sobre esa diferencia, mucho menos semántica de lo que parece, escribí esta nueva reflexión: Estrategia: decir adónde no explica cómo Los invito a leerla. Y, especialmente, a preguntarse si algunas organizaciones están ejecutando mal su estrategia o cumpliendo disciplinadamente un plan que nunca tuvo una
Seguro digital, gastos analógicos
La reciente presentación de los balances del seguro argentino a junio de 2026 ofrece una nueva oportunidad para mirar más allá de cuánto vendió, ganó o perdió el mercado. Cuando se analiza el resultado técnico, la discusión suele concentrarse en la suficiencia de las tarifas, la siniestralidad y la litigiosidad. Todos factores relevantes. Pero existe un viejo y conocido jugador que suele pasar más inadvertido: el gasto operativo. La industria lleva casi una década hablando de transformación digital. Incorporó aplicaciones, portales, automatizaciones, nuevos sistemas y proveedores tecnológicos. La inquietud es si esa transformación consiguió modificar realmente el peso de los gastos sobre la facturación o si, simplemente, agregó nuevas capas sobre las estructuras existentes. En mi nuevo artículo, “Seguro digital, gastos analógicos”, analizo la evolución de este indicador durante los últimos cinco ejercicios, sus diferencias según el tipo de actividad y lo que está sucediendo internacionalmente. Porque el desafío ya no es solamente por qué la tecnología todavía no consiguió bajar los gastos. El punto es si el negocio que viene podrá continuar financiándolos.
Los CEO: del ajuste al crecimiento
Ordenar una empresa es difícil. Hacerla crecer después de haberla entrenado para no gastar puede ser todavía más. Los CEO que administraron la transición argentina demostraron que podían ajustar, preservar la caja y tomar decisiones incómodas. Pero ¿son esas mismas capacidades las que se necesitan para invertir, arriesgar y crecer? ¿Podrán cambiar de mentalidad al mismo ritmo que pretende cambiar el país? Y una pregunta adicional: ¿los directorios están preparados para acompañarlos? En esta nueva reflexión no discuto edades ni nombres, sino algo más incómodo: si los líderes que condujeron el ajuste serán también quienes puedan construir el crecimiento.
El crédito no tiene la culpa
Cuando aumenta la morosidad aparece un culpable cómodo: el crédito. Lo sentamos en el banco de los acusados, dictamos sentencia y asunto terminado. Pero los problemas complejos suelen desconfiar de los veredictos demasiado sencillos. En esta nueva reflexión intento mirar qué hay detrás de esa acusación y cuáles son las responsabilidades que preferimos no discutir. Los invito a leer: “El crédito no tiene la culpa”.





