Cuando lo urgente es igual a lo importante

Esta tragedia sanitaria, económica y social que sacude a la humanidad por el #covid19 desafía entre otras cosas la capacidad de resiliencia y transformación de las organizaciones, emparentando en términos del porvenir lo urgente con lo importante, dos palabras que en tiempos de la vieja normalidad eran totalmente distintas.

La urgencia es una cualidad asociada al tiempo y aumenta a medida que se acerca a la fecha límite.

La importancia es una cualidad asociada a las consecuencias, y una tarea aumenta su importancia si las consecuencias de fracasar en ella también aumentan. En otras palabras, una tarea es importante solo si las consecuencias que sufriremos al no hacerla son graves.

Pareciera que la pandemia nos obliga a desaprender esa diferencia igualando significados en una triste paradoja. Es urgente e importante reinventarse o transformarse casi sin distinciones, para sobrevivir en la nueva normalidad que se ha comenzado a escribir y aunque desconozcamos todavía cual será su version definitiva, si la hubiera.

Coronavirus mediante además, el reloj que marca la cuenta regresiva de cara al futuro se acelera, y las consecuencias por no reinventarse o transformarse serán durísimas, o sea urgencia e importancia todo dentro del mismo combo,

2020 sonaba como lejano y seguramente muchos de ustedes lo habrán visto considerado como un hito de cualquier Plan Estratégico y/o de Transformación Digital del que hayan participado, pero en un abrir y cerrar de ojos, ya ha pasado casi medio año del mismo. Sin temor a equivocarnos , también podríamos presagiar que esos planes en cualquier caso, aunque en mayor o menor escala, iban a llevar a las empresas a ser digitales, innovadoras, ágiles, simples, inteligentes y centradas en el cliente, cuanto menos.

Es inevitable entonces a efectos del análisis, pensar en qué estadio se encuentran las empresas en esta inédita instancia, con el cumplimiento de aquellos cometidos. Tener una foto representativa de la situación nos permitiría saber de que manera puede continuar esa película .

Si nos situamos desde la perspectiva del cliente, es fácil advertir que hay sectores aventajados, aunque se perciben muchas falencias en las compañías tradicionales, sobre todo en cuanto a la experiencia omnicanal y la explotación de toda la potencialidad que el medio digital ofrece, léase como que se han limitado a digitalizar productos y servicios físicos.

Por otra parte si buscamos la respuesta en las consultoras especializadas en transformación, la mirada es bastante más desalentadora, dado que el cambio significativo a nivel de procesos centrales de negocios (core) aún no se ha producido al menos en las medianas y grandes compañías, y continúan llenas de procesos tediosos, compartimientos estancos , limitaciones, burocracia, etc. careciendo ademas muchas de ellas de canal digital (o este es un elemento accesorio), y ni hablar del potencial desaprovechado por una ineficiente gestión de sus datos.

La mayoría de las empresas se encuentran envueltas en la convivencia hasta ahora nada amigable del presente (run) y el futuro (transform) . Completando el universo aquellas que también las hay lamentablemente ancladas en un pasado que añoran y al que ya no podrán volver .

De todas ellas, las primeras parecieran tener en claro hacia dónde ir, en qué deben transformarse. Sin embargo, la gestión del día a día y la supervivencia más inmediata centrada en la cuenta de resultados, ahora agravados por la crisis económica en paralelo a la sanitaria, les impone una barrera adicional para lograrlo.

Las compañías siguen separando sus “operaciones” de “innovación” o “transformación” actuando aún como silos independientes. Y sería excepcional aquel líder directivo capaz de romper este paradigma, sobre todo porque su suerte en gran parte está supeditada a tener buen rendimiento económico, empujando así decididamente la balanza hacia el lado de la operación (“run”) en una victoria que en su extremo puede ser “pírrica” dado que si bien obtendría un triunfo en el presente, “quemaría las naves” que podrían transportarlo al futuro.

En síntesis las empresas hacen habitualmente 2 cosas: Explotar (vender, producir, administrar) y Explorar (lo que se quiere ser o hacer en el futuro)

En un mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo como el nuestro, huir de la mediocridad no es huir de la complejidad, sino ensayar ágilmente nuevas combinaciones que permítan, sin resignar la operación, explorar sin parar. Las empresas mediocres solamente saben explotar, las empresas de talento saben explotar sus negocios y explorar el futuro a la vez .

Simplificar un negocio lo más rápidamente posible identificando la esencia de sus operaciones y racionalizando sus procesos para digitalizarlos, sin abandonar en paralelo el intento sostenido de traer el futuro a la agenda del presente, es una receta tan difícil como esencial. Y hacerlo empoderará a su gente para servir a los clientes, como así tambien a los clientes a ayudarse a sí mismos.

No hay soluciones simples para problemas complejos y abordar la complejidad operativa del modelo de negocio con una equivalente mirada en la innovación, es un desafío tan grande e intrincado como importante y urgente para su supervivencia

Algunas organizaciones no van a poder volver luego de esta crisis.. Y las que vuelvan, es imprescindible que lo hagan con una mejor versión de su empresa.. y para ello.. ¿qué van a esperar?..el reloj está en tiempo de descuento ….y aunque el camino no es fácil no hay una alternativa mejor.

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