Finalizada la excelente serie documental The Last Dance que nos muestra la interna de un proceso legendario tanto de Michel Jordan como de los Chicago Bulls en la búsqueda del 6to. anillo de la NBA, nobleza obliga hacer justicia con el antihéroe de la obra, el General Manager Jerry Krause, a quien en la versión de la pieza audiovisual tratan muy mal, pero que por distintos motivos tanto su mirada, como su presencia y acción fueran esenciales para que la epopeya sucediera.
Si bien existe instalada la sensación generalizada de que fue él, y solo él, el culpable de la caída de aquellos maravillosos Bulls, de ninguna manera podemos obviar que también él fue el arquitecto de un equipo cuyo extenso legado se ha mantenido inalterable e incontestable hasta nuestros días.
Pocos han vertido sobre su figura el crédito que merece. En cambio, fanáticos, aficionados, periodistas y jugadores disfrutaron maliciosamente de sus errores y además de su aspecto. Fue muy criticado por algunas decisiones. Pero también lo fue por su altura, su peso, su vestimenta, su forma de hablar o sus modales, poniendo injustamente énfasis en sus formas por sobre sus ideas.
El Gerente General de los Chicago Bulls estaba convencido que no obstante el notorio brillo de sus estrellas y de los triunfos, la receta del pasado prestigioso no funcionaría en el futuro inmediato, sobre todo por los problemas que presentaban la mayoría de los jugadores de ese equipo, y no estaba de acuerdo además con la idea de que el peso del proyecto recayera totalmente en los hombros de su figura excluyente Michael Jordan.
Jordan por el contrario, creía injusta la idea de re construir todo en pleno éxito, y que además alguien que no se ponía la camiseta todos los días fuera el encargado de decidir sobre el futuro de un equipo tan exitoso y que marcó una era.
La cúpula dirigencial por otra parte, influenciada por Krause sostenía que, salvo por Michael, la mayoría de sus figuras ya habían dado el máximo y estaban ingresando a una curva descendente. Pensaban que era el momento de cambiar.
La idea de transformacion de Krause para los nuevos tiempos de los Bulls en aquel entonces, logró forjar adversarios propios y extraños , si a esto le sumamos sus airadas desavenencias con el entrenador Phil Jackson y el propio Michael Jordan, se logra conformar el combo de una bomba que explotaría con los problemas contractuales de Scottie Pippen. Además el ego de Krause y su demanda constante de reconocimiento lo transforman en el villano perfecto que esta película necesitaba, para responsabilizarlo total e injustamente de que las cosas se empezasen a torcer en los Chicago Bulls.
Para colmo durante esta época, Krause, que volvió a ganar el premio al mejor directivo del año de la NBA, tras la campaña de campeón con el histórico registro de 72 victorias, esbozó una frase que Jordan nunca olvidó y que durante un discurso en el Salón de la Fama, rebatió con énfasis. El dirigente sostuvo que “son las organizaciones, y no los jugadores, los que ganan títulos”. Estas palabras tornaron irreconciliable el vínculo entre el plantel y el general manager.
Pero lo cierto es que el documental demuestra que no hubo buenos ni malos en esta historia, por el contrario el testimonio fílmico a modo reality contribuye a desmitificar “el mundo ideal” que el colectivo popular supone detrás de los ídolos deportivos.
Lo que claramente surge que hubo fueron las miradas distintas e intereses contrapuestos respecto del futuro, sobre la base de las también diferentes percepciones que tanto el pasado como el presente suministraban, que derivaron en una serie de conflictos que ese conjunto de líderes de cada ámbito e inclusive su propietario, no supieron administrar, porque como bien se sabe en las organizaciones, los conflictos raramente se resuelven, y por lo tanto el éxito o el fracaso dependen de su adecuada administración.
“Soy un hombre solitario”, solía decir Krause. “Durante todos estos años me quedé solo y no hice muchos amigos. Tenía un trabajo que hacer. No puedo preocuparme por lo que la gente dice. La gente es volátil. Cuando estamos ganando, soy ‘el flaco’. La gente se me acerca y me dice: “Jerry, te ves bien, ¿has perdido peso?”. Pero cuando perdemos soy ‘el gordo hijo de p…”. ¿Sabes algo? Yo peso lo mismo. No he subido ni bajado seis libras en años.”
Nunca se sabrá que hubiera pasado si continuaban juntos, y es tan cierto que a Jerry no le acompañó la suerte a posteriori durante su permanencia en los Bulls hasta 2003 , como también lo es que al resto de las partes tampoco, salvo Phil Jackson que se refugió en la poderosa estructura de Los Lakers y sus holgados presupuestos.
Parece que la muerte hiciera mejor a las personas de lo que fueron en vida, cuando el 21 de marzo del 2017, Jerry Krause murió a los 77 años por problemas de salud y ese mismo año fuera incluido en el Salón de la Fama del basketball de USA, llegaron tardíos los reconocimientos de sus críticos más acérrimos: “Jerry fue una figura clave en la dinastía de los Bulls y significa mucho para los Bulls, los White Sox y la ciudad de Chicago”, escribió Michael Jordan tras conocerse la noticia. Jackson, por su parte, declaró: “Hoy es un día triste para los Chicago Bulls y para la NBA. Fue un hombre decidido a crear un equipo ganador en Chicago, su ciudad. Jerry era conocido como El Detective por su secretismo, pero no es ningún secreto que construyó la dinastía en Chicago. Nosotros, que formamos parte de su visión en este empeño, lo recordamos hoy”.
El aprendizaje que nos deja El Último Baile es la enseñanza de la cadena, donde todos los eslabones son necesarios y la fortaleza de la misma la brinda su eslabón más débil, o sea es tan necesario alguien que marque un camino como Phil Jackson, alguien que juegue con la lealtad de Pippen, que disfrute como Dennis Rodman, alguien que lidere, sueñe y ejecute en grande como Jordan en The Last Dance, pero también es imprescindible un gestor eficiente y eficaz de estos extraordinarios recursos para que las cosas sucedan, como fuera el gran Jerry Krause.
