Las conversaciones dejan huella en nuestra vida, tanto las que tuvimos como las que omitimos.
No será difícil recordar situaciones generadas por conversaciones que no se llegaron a mantener, como también conversaciones que resultaban difíciles de abordar y luego de afrontarlas con éxito, cambiaron rumbos.
Una organización, una empresa, no podría funcionar sin conversaciones.
Conversaciones para planificar, conversaciones para coordinar, conversaciones para vender, conversaciones con los equipos, conversaciones con los clientes, conversaciones para abrir otras conversaciones, etc.
Por ello, se puede entender cualquier organización como una red de conversaciones, y una empresa tendrá la calidad que tengan sus conversaciones.
Las conversaciones adquieren una importancia relevante desde una perspectiva que estimule el trabajo en red, la colaboración, la participación, donde la relación entre los nodos necesita de conversaciones. Sin conversaciones se convierten en conceptos vacíos. Al conversar se hacen posibles.
Es inimaginable impulsar la innovación si no somos capaces de abrir conversaciones en las que explorar nuevas posibilidades. No se puede pensar en promover resultados sin abrir conversaciones para expresarlos, compartirlos y generar acuerdos para lograrlos. Será imposible impulsar, promover y liderar cambios sin conversar.
Liderar es influír y para ello conversar es una herramienta esencial.
Pero conversar no siempre es cómodo.
Existen las conversaciones complicadas, o complejas, en cualquier caso difíciles.
Y si alguien tiene que hacer frente a conversaciones que le pueden resultar difíciles es aquella persona a la que le corresponde liderar.
Asumir responsabilidades en una organización implica afrontar muchas conversaciones que no resultan cómodas, y saber hacerlo adecuadamente puede marcar la diferencia.
Ahora bien, sin escucha no hay conversación.
Se debe tomar el ejemplo inquisitivo de la ciencia con su manera de hacerle preguntas al mundo y de escuchar sus respuestas.
Y aprendiendo desde la escucha, si bien nunca sabremos todo siempre será mejor que no saber nada.
Las evidencias son necesarias en las conversaciones, pero a veces no son suficientes.
Las evidencias muchas veces no son tomadas en cuenta a la hora de formar opinión.
La educación tampoco alcanza.
Y aunque la información y el conocimiento estén, muchísimas veces se dejan de lado y se siguen las emociones y las creencias.
En las conversaciones se debe buscar el pluralismo así el disenso queda explícito.
Hay que conversar, y sobre todo con los que piensan distinto.
Porque cuando la gente conversa solamente con los que piensan igual, sus opiniones se vuelven mas extremas y homogéneas.
Para la salud de cualquier organización se necesita que los que piensan distinto tengan conversaciones amplias, honestas y profundas, sin embargo esto no es lo que habitualmente pasa.
Cómo dialogamos cuando el problema no es la evidencia, o el conocimiento, sino un desacuerdo ideológico ?
Hay que evitar que cada desacuerdo, cada discusión parezca una batalla entre el bien y el mal.
Las opiniones deberían ser puentes no zanjas, si no el diálogo es imposible y por lo tanto también los acuerdos.
De no lograrlo generalmente deriva en una fórmula explosiva y muy dañina para cualquier tipo de emprendimiento : agresividad + desconfianza
No todas las opiniones nacen iguales, unas son temporarias, otras son duraderas y otras forman parte de nuestra identidad.
En este último estadío, la duda sobre lo que pensamos se vuelve una duda sobre quiénes somos, y eso es insoportable, por lo que la necesidad de proteger nuestra integridad nos hace agruparnos con quienes están en la misma situación
De allí viene el tribalismo, por eso a veces ni la evidencia ni la educación funcionan, no es que pensamos algo, somos algo.
Mejor de tal tema, con esta gente no hablar !!!!!
El daño que el tribalismo causa a las compañías no es solo que establece un clima de conflicto permanente, sino que ademas genera silencios, obligando a que la gente se retire del debate, pero no porque no tenga opinión, o no les importe lo que pasa, no es que sean tibios, sino que por la agresividad, por la penalización social del disenso o muchísimos otros varios motivos, abandonan la conversación en silencio.
Es un silencio ruidoso, la imposibilidad de dialogar acalla todas las voces, hasta que queda una sola y se confunde silencio con asentimiento, creándose una ilusión de consenso.
Como se oye una sola opinión, pareciera que hay unanimidad.
Cualquier otra opinión ya no es solamente distinta, es disonante, es ajena.
Generalmente asociamos la idea de censura a un poder que prohíbe desde arriba, pero hay otra forma, más sutil, la censura desde abajo, la del disciplinamiento social, que por ejemplo subiendo desde tope del organigrama el tono de la pelea, genera que todo lo que está debajo y suene diferente, se retire, generando la falsa percepción de alineamiento.
Esto no es solo una amenaza a la libre expresión de las ideas, sino un problema gravísimo para la sustentabilidad de cualquier construcción colectiva, tanto en pequeños entornos como a gran escala.
Es un falso dilema el de pelear o callarse.
Podemos tener posturas definidas inclusive muy intensas, sin subirnos a la dinámica del discurso intolerante.
El desafío es salir del tribalismo intelectual, para tener la mayor pluralidad de voces, para alejarnos de la situación de amigo/enemigo, y para ello hay que distinguir entre qué creemos y cómo lo creemos.
Deberíamos lograr expresar nuestras opiniones sin que lo que pensamos nos convierta en lo que somos, allí aparecerán los matices y las conversaciones se volverán posibles, y a partir de eso se pueden construir acuerdos a pesar de las diferencias.
No es la solución evitar las discrepancias o conflictos para dejar que los acuerdos decanten en cualquier parte.
Es imperativo que los líderes superen la filosofía tribal que opera como una anteojera impidiendo nuevas visiones, ya sean alternativas o complementarias a la que impone la tradición, dado las pérdidas de oportunidades implícitas que eso conlleva.
Quizás se tenga más en común con quienes piensan distinto pero quieren conversar y debatir, que con los que se comparte alguna opinión, pero son intolerantes.
Es imprescindible separar las ideas de las personas. Las personas merecen respeto, las ideas tienen que ganárselo.
