En las empresas, se tiene temor a los errores porque se los asocia con la incompetencia. De hecho, se piensa que el éxito viene de la mano de los expertos no de los aprendices.
Si a esto le añadimos que para medir el desempeño de los colaboradores se abusa del empleo de indicadores numéricos o métricas de negocio (ventas, margen, dividendos, etc.) desde una mirada superficial, errar siempre sale caro.
La tolerancia al error es fundamental para que la organización y sus integrantes aprendan y se desarrollen porque extraen conocimiento de los errores y no culpas.
Sin embargo, equivocarse tiene mala fama, así que su tolerancia requiere gestión y liderazgo.
En este mundo tan inestable e inmediato, la velocidad de las empresas en adaptarse al cambio es clave, por lo que tener gente que sepa ejecutar la estrategia, de una forma rápida y eficiente, es fundamental.
Además, en un entorno súper competitivo, donde el mercado muchas veces obliga a modificar rápidamente aquella estrategia o encontrar nuevos modelos o nichos , así como nuevos consumidores, practicar un modelo de prueba y error aparece como imprescindible.
Para generar una cultura empresarial emprendedora o de startup, es fundamental generar confianza y seguridad psicológica en el trabajador, dejándolo hacer, y una vez que hay iniciativas en marcha, también es esencial la tolerancia al error.
Actualmente, gran número de organizaciones están comprometidas con la mejora del ecosistema laboral, sin embargo, todavía tienen como asignatura pendiente impulsar una conciencia de la falla desde un punto de vista positivo. Adaptar la empresa a las nuevas tendencias implica en los hechos, comprender que se pueden cometer errores sin que estos determinen el futuro de la compañía.
Seguramente muchas entidades declamen sobre el tipo de política que utilizan en torno al error, aun así, es interesante para verificar si realmente se aplica, observar en sus equipos, qué reacciones tienen sus integrantes cada vez que fallan. Cuando se percibe miedo, frustración, culpa o incluso ansiedad, y es generalizado, es evidente que en ese ecosistema se castiga el error. Como consecuencia, nos encontraremos con equipos temerosos, desmotivados, sin actitud y limitados en su avance.
Errar entonces, es necesario para replantear, solucionar, corregir, avanzar y en cada cada error se descubrirá una verdad desconocida.
Todas las personas lo hacen lo mejor que pueden desde su nivel de formación y su experiencia laboral. De ahí que las empresas puedan mejorar mucho su funcionamiento si toman conciencia de que sus empleados no son ni pueden ser perfectos, con lo que están en su derecho de cometer errores para aprender y evolucionar como personas y profesionales
Ahora bien, podría ser ser sustentable un equipo o una compañía que viva equivocándose permanentemente? Cuál debiera ser el límite de esa tolerancia ?
La verdadera tragedia opera cuando no se aprende de los errores, en el fondo la virtud consiste en centrar miradas y energías para buscar la solución y dejar de ser parte del problema, reflexionando sobre tres simples preguntas: ¿qué se hizo para que sucediera?, ¿qué se ha aprendido de lo que ha pasado? y ¿qué y cómo se hará para que no vuelva a repetirse?
Por ello precisamente el error adquiere su mayor dimensión en aporte de valor cuando cuando lo hace dentro organizaciones consistentes, o sea aquellas donde la tolerancia al fallo va acompañada de la no tolerancia a la incompetencia, donde a la predisposición a experimentar se la soporta desde una rigurosa disciplina, y donde a la colaboración se la equilibra con la responsabilidad individual.

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