Hubo un tiempo no muy lejano donde la llegada en masa de los fondos de capital de riesgo a LATAM, el avance digital -estimulado por la pandemia- y el hambre de éxito de los emprendedores, sirvieron de catalizador para el despegue de muchos nuevos negocios.
Era el mejor momento para emprender, porque en Latinoamérica no se recordaba haber tenido tanta confianza y acceso a capital.
Los inversores, tanto locales como globales, vieron oportunidades para obtener una ganancia atractiva en los negocios de la zona, y sobre todo los grandes fondos de inversión tecnológicos no dudaron en desenfundar la billetera.
Y así fué que América Latina se llenó de unicornios. Las start-ups valoradas en más de 1.000 millones de dólares se expandieron a lo largo y ancho de la región. Ya en 2021 eran 36 miembros en este selecto club. Y de ellos, una quincena se había incorporado ese último año.
Por otra parte, fueron de público conocimiento los esfuerzos sin precedentes de la Fed para impulsar la economía durante la crisis sanitaria que ayudaron a que el índice de referencia bursátil escalara con fuerza hasta fines del año pasado.
Pero todo lo que sube puede bajar y parece que hoy la fiesta está terminando.
Semejante inyección de capital por parte de la Reserva Federal estadounidense a tasa muy parecida a cero, generó alta inflación; la Fed ahora está revirtiendo su curso para controlar el alza en los precios y el mercado ha reaccionado agresivamente.
El viernes pasado por la mañana, los medios financieros declararon oficialmente la entrada de una tendencia bajista, conocido como mercado «bear». Y a todos los que pisan Wall Street les gusta más sacarse la foto con el toro que con el oso, no obstante que con este último también puedan hacerse buenos negocios.
Las preocupaciones inflacionarias, el incremento en las tasas de interés, la persistencia en las interrupciones de las cadenas de suministro por el covid-19 y la guerra en Ucrania están haciendo estragos en la economía global y, por ende, en su espina dorsal que es el sistema financiero mundial.
Muchos de estos jóvenes mega emprendedores que lideran unicornios, han desarrollado sus carreras en un mercado alcista y nunca han oído hablar de una tendencia bajista, donde las valoraciones caen, el capital deja de ser tan barato y los inversores en empresas en etapa inicial no estarán tan dispuestos, ni se sentirán tan inteligentes como tiempo atrás
Los inversionistas que alguna vez se sintieron invencibles, hoy ven pérdidas y números rojos. En los primeros tres meses del año, el financiamiento a nuevos negocios en LATAM bajó 60% de su punto más alto el año pasado, cuando alcanzó 7.300 millones de dólares en el segundo trimestre, de acuerdo con datos de Latinoamérica de la firma de análisis CBInsights.
Además, ni una sola empresa latinoamericana salió en oferta inicial para cotizar en el mercado internacional.
En esta circunstancia donde impera la toma de ganancias y el rechazo al riesgo inversor, los activos emergentes son mucho más perjudicados que los de países centrales producto del «flight to quality» o sea un movimiento por parte de los inversionistas mediante el cual liquidan sus posiciones en activos riesgosos y trasfieren sus recursos a títulos considerados más seguros.
A la fecha los dos principales unicornios de capital argentino perdieron casi la mitad de su valor, por un lado porque juegan en la “liga” de las compañías tecnológicas -con un Nasdaq que viene cayendo 30% desde su récord de noviembre pasado-, pero también producto de la aversión al riesgo emergente.
Una vez más la confrontación entre la «historia»-entendiendo por ello a las narrativas, visión y sentimiento que impulsa a una empresa hacia adelante-, contra los «fundamentos», o sea cómo el mercado de capitales interpreta y concluye en relación a la sustentabilidad de cada negocio que ayuda a financiar.
«Solo cuando baje la marea podremos advertir quien ha estado nadando desnudo»…..expresa Warren Buffet en una magistral frase para predecir el final abierto de esta serie, en la que todavía quedan varios capítulos por transcurrir.
