El síndrome de alta exposición alcanza a las personas que destacan del promedio, ya sea por sus elevadas habilidades, sus excelentes cualidades o porque han alcanzado un gran suceso.
Todos somos únicos en algo, pero la presión social nos empuja hacia el conformismo o la mediocridad. Conformarnos con no salir de los límites socialmente impuestos o resignarnos a no superar los límites que nos auto imponemos.
En grupos, sociedades o empresas que promueven principios igualitarios, elevarse por encima de la media se considera “políticamente incorrecto” puesto que va contra la cultura dominante. Como resultado, ese perfil de personas despiertan en los demás sentimientos de hostilidad que dan paso a actitudes y comportamientos perjudiciales para intentar hacerlas fracasar.
Las instituciones, aunque no en todos los casos, suelen emitir mensajes contradictorios. Explícitamente nos invitan a destacar, a ser genuinos o a diferenciarnos del resto, pero de modo implícito se nos recomienda no sacar la cabeza, ser hipócritas o seguir la corriente mayoritaria de pensamiento, palabra u obra.
Este trasfondo trae consecuencias en nuestro modo de tratar a aquellas personas que, a pesar de la presión social, logran destacar en algo socialmente valioso, ser ellas mismas o diferenciarse del resto en su manera de pensar, decir y hacer.
El problema en realidad es que las personas que sobresalen pueden ser percibidas como un peligro para el ego de aquellas que no se sienten capaces de volar a su misma altura.
Este fenómeno no solo se circunscribe a la relación entre personas con diferencias nítidas en cuanto a habilidades cognitivas o personales sino también, y quizás de un modo más incruento, entre personas con niveles de habilidad similares que ‘compiten’ en un mismo espacio social.
Un típico error en el que se incurre es confundir la humildad con la mediocridad o con el conformismo. Esta asimilación incorrecta de conceptos bien diferentes genera fuertes críticas hacia las personas que hablan de sus habilidades con naturalidad. Se les tacha de soberbias, prepotentes, petulantes, egocéntricas o cualquier otro adjetivo que se nos ocurra.
Evidentemente, estos adjetivos hablan más del emisor que del receptor, pero la realidad es que este caldo genera una toxicidad en el ambiente que puede llegar a ser irrespirable si se transmite entre una masa suficiente de individuos frustrados por su propio conformismo o mediocridad.
Dos investigaciones realizadas en la Universidad de Waikato y de Canterbury descubrieron que una cultura matizada por el síndrome de alta exposición en las organizaciones, puede generar una disminución del rendimiento promedio de hasta un 20%.
El síndrome de alta exposición genera consecuencias en dos dimensiones. La primera tiene que ver con lo señalado. Hay una tendencia, casi natural, a no permitir que alguien destaque demasiado, porque genera inseguridades o crea la sensación de amenaza en los demás. Por lo tanto, a quienes destacan, muy frecuentemente se les critica con excesiva severidad. O se les exige en demasía. O se busca minimizar o ningunear su talento o sus logros.
La segunda consecuencia del síndrome de alta exposición es que le va enseñando a la gente a tener miedo de destacar. Precisamente por todo lo dicho, las personas aprenden, más implícita que explícitamente, que estar por encima de los demás puede ponerlos en riesgo. ¿En riesgo de qué? De rechazo, de cuestionamiento, de crítica e incluso de ostracismo.
Para acabar con el síndrome de alta exposición debemos comprender que las comparaciones son innecesarias y contraproducentes. Todos somos diferentes y brillamos de manera distinta. También necesitamos comprender que todos tenemos limitaciones y que no es necesario llegar hasta donde llegan los demás. Cada quien debe buscar su camino a la felicidad, no al éxito.
“Existe algo mucho más escaso, fino y raro que el talento. Es el talento de reconocer a los talentosos”.
-Elbert Hubbard-

Totalmente de acuerdo.
Lo he vivido en carne propia y ello me ha llevado
a retirarme del sistema educativo, ante echos
irrisorios como terminar con actas como
«Atentado contra el mobiliario escoloar», (solo por embellecer
unos paneles moviles, con una guarda decorativa,pintada)
o también «Como Profesor responsable de que una estudiante
de 32 años quedara libre por faltas presenciales a las clases»·.
Estos echos fueron acontecidos ante la imposibilidad de achacarseme
ninguna posiblidad de faltas de ningún tipo en mis funciones de
Profesor del Nivel Superior. Y hasta sufri el robo de un proyecto
de modalidad de estudio paralelo, el que fué aprobado a nivel Provincial
primero y Nacional luego.
Marcelo M Delaude
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