A lo largo de mi trayectoria profesional vinculada a la empresa, tanto en la consultoría y en la dirección como en la gestión, frecuentemente he recurrido a analogías deportivas como un recurso casi infalible para explicar el diagnóstico, lograr la comprensión y adoptar la solución ante determinada problemática. No solo me han resultado de utilidad de manera reactiva, sino que además las he utilizado en forma pro activa a efectos de delinear estrategias y sus consecuentes acciones a implementar frente a escenarios cambiantes.
Por haberlos practicado intensamente, considero que los deportes de alta competencia y sobre todo los colectivos, tienen solucionado u ofrecen respuestas a muchas inquietudes a las que las empresas en muchos casos les cuesta encontrar contestación.
Los valores del deporte en la empresa cada día están más presentes, y para muestra basta ver la creciente incorporación de aspectos del ecosistema deportivo a los eventos y las estrategias empresariales.
Son cada vez más las grandes corporaciones que declaran valores asimilando o haciendo propios los provenientes de la práctica deportiva: tanto a nivel de sponsorización como asi tambien en dinámicas de trabajo dentro de sus empresas.
El deporte es sinónimo entre otras cosas de trabajo en equipo, responsabilidad, esfuerzo, sacrificio, constancia, mérito, respeto, humildad, espíritu de superación, autoconocimiento, perseverancia, convivencia, obediencia y cuidado de la salud. Valores que sumados a los de la justicia, la prudencia, la templanza y la fortaleza asocian al deporte como el vehículo ideal o un excelente socio estratégico para cultivar y cosechar, la mejora contínua personal y empresarial.
Tanto en el campo del deporte como en el de la empresa, el liderazgo es un factor estratégico imprescindible. La influencia de éste, sobre la estrategia global de uno y otro, se ha convertido en un verdadero faro en muchos de los casos.
La empresa y el deporte son dos grandes ámbitos de referencia en el mundo actual. La asombrosa capacidad de adaptación que vienen demostrando en las últimos tiempos ante los retos más variados se debe, fundamentalmente, a una concepción innovadora del liderazgo por parte de los empresarios, deportistas, entrenadores y gestores deportivos: entendiéndose por liderazgo la capacidad para motivar a las personas e implicarlas hasta que den lo mejor de sí mismas y de su talento en la consecución de una meta.
Empresa, deporte y liderazgo entonces interactúan entre sí de una manera intensa y frecuente, en pos de que las cosas sucedan.
En ese sentido, el líder debe saber cómo ejercer su atribución principal, dejando de lado su ego y pensando de una manera global y trascendente para conseguir un objetivo superior a él mismo. Dirigir eficaz y eficientemente un equipo de trabajo puede ser un desafío abrumador si no se cuenta con esa premisa. La toma de decisiones, y muchas veces la habilidad de un líder de equipo, puede verse mejorada por la incorporación de ciertas técnicas propias del espacio deportivo.
A través del deporte aprendemos a enfrentarnos a nuestros miedos e inseguridades para empezar a tomar las riendas de nuestra vida y nos comprometemos con nuestro entrenamiento físico/emocional. El deporte es la mejor muestra de que todos tenemos en nuestro interior cualidades, habilidades y competencias que podemos entrenar para convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos.
De las características comunes entre Empresa y Deporte que más me gusta destacar ya que entiendo constituyen piedra fundamental del éxito en uno como en otro sentido, se encuentran el trabajar duro y la pasión, que bien podrían resumirse en la actitud.
Cualquier empresa necesita de sus empleados y directivos compromiso y positivismo. Personas que no tengan miedo a equivocarse y que avancen disfrutando lo que están haciendo. Porque para llegar a buen puerto hay que disfrutar, y esa actitud positiva es la que ayuda en los momentos difíciles del camino.
Para conseguir la motivación del equipo en una empresa, sus directivos deberían dar ejemplo con una serie de habilidades indispensables para que un proyecto tenga éxito. La primera y tal vez la más importante es la pasión, porque sin corazón no hay chance.
Pasión por la estrategia para reinventarse constantemente y construir nuevas ventajas competitivas. Pasión por los clientes para ponerlos en el centro de la organización. Y pasión para que todos los colaboradores compartan la estrategia y los objetivos de la empresa.
Complementariamente es necesario que tengan curiosidad por conocer y experimentar, por interesarse en las fortalezas y debilidades de las personas del equipo y por solicitar un feedback permanente de los stakeholders . Sería muy oportuno que además contaran con la valentía o el coraje para innovar y adaptarse a las necesidades que la circunstancia impone, la humanidad para estar en todo momento en actitud de servicio y la humildad para delegar, gestionar las emociones de las personas y escuchar más.
Pero a la vez y por sobre todo, es imprescindible que se encuentren dispuestos a trabajar duro y a ser perseverantes en ese cometido, ya que el único lugar en que el éxito se encuentra antes que el trabajo, es en el diccionario.
Tuve el privilegio de visitar el Training Center de los San Antonio Spurs, multicampeones del basquetbol de la NBA, liderados por el legendario Gregg Popovich, creador de un estilo que es escuela en una de las ligas deportivas profesionales de mayor competitividad en el mundo, y en la entrada de esa catedral laica del entrenamiento, el aprendizaje y la mejora, donde se modelan los sueños de la franquicia, hay un cartelito que se encarga de recordarte que cuanto más entrenes más “suerte” tendrás, con esta frase :
«Cuando nada parece ser de ayuda, miro a un picapedrero golpeando la roca tal vez hasta cien veces sin que aparezca ni una sola grieta. Sin embargo, al golpe ciento uno la rompe en dos. Sé que no fue ese último golpe el que la partió, sino todos los anteriores». Jacob Riis
