Sin coraje no hay liderazgo

Sin coraje no hay liderazgo

Mucho hay publicado sobre las habilidades requeridas para el liderazgo. Dependiendo del rol, el contexto o la coyuntura ciertamente no todas las competencias pueden tener el mismo nivel de importancia. De hecho, es casi obvio que algunos rasgos ponderan más que otros. ¿Pero cuáles?

Por ejemplo según Daniel Goleman en su artículo de HBR “La habilidad de liderazgo imprescindible”, la inteligencia emocional supera todas las demás características.

Siguiendo con los ejemplos, en una reciente encuesta que una de las principales empresas de tecnología a nivel global efectuara a sus 1.700 directores ejecutivos de 64 países sobre las características de liderazgo que desean en sus ejecutivos clave, concluyó que los tres rasgos de liderazgo que más pretendían eran la capacidad de enfocarse intensamente en las necesidades del cliente, la capacidad de colaborar con colegas y la capacidad de inspirar.

Podríamos seguir citando ejemplos, unos tras otros sobre los que se consideran “rasgos críticos de liderazgo”, pero cada vez que leemos una larga lista de competencias, siempre parece que falta algo. De hecho, hay un rasgo crítico que da sentido a todo lo demás y que por ser tan esencial generalmente es invisible a los ojos: el coraje

La persona con coraje no es aquella que nunca tiene miedo, sino que justipreciando sus temores, es la que resiste a las amenazas o presiones a sus creencias o convicciones respecto de lo qué hay que hacer o cómo hacerlo ante una determinada circunstancia.

El coraje entonces es un fuerte ejercicio de voluntad basado en la inteligencia que brinda el conocimiento, enfocado a conseguir las metas frente a obstáculos internos y/o externos.

Las personas llenas de coraje actúan siguiendo sus creencias frente a cualquier peligro o dificultad .Viven sus vidas de acuerdo a sus valores personales y se responsabilizan de quienes son y de lo que hacen . Se mantienen a pesar de las dificultades y visualizan sus metas hasta el final, abrazando la vida con positivismo y compromiso.

Una conducta valiente es contagiosa y generalmente influye en su entorno, ya que inspira a que otras personas movilicen voluntades o descubran motivos que ellos mismos no pueden lograr por su cuenta

La mera inclinación a hacer lo correcto no basta. Hay que saber en qué consiste lo correcto y a menudo se necesita la sabiduría y la valentía de un líder para dar determinada forma y sentido al coraje de una comunidad que se transformará en seguidora suya.

La buena noticia es que el coraje no es una disposición innata sino que se adquiere y mejora a través de la práctica, lo cual significa que se alimenta con el aprendizaje de enfrentar temores y actuar con valentía aún cuando no nos sintamos lo suficientemente valientes.

El cobarde en uno de los extremos es la persona que no solamente carece de confianza sino que además tiene un exceso de temor, con lo cual se podría concluír que el coraje más confiable es el que surge de una justa estimación del riesgo al que se está enfrentando, porque en el otro de los extremos una persona temeraria podría ser incluso mucho más peligrosa que la propia amenaza que se quiere abordar.

Los viejos filósofos ya hablaban del coraje como una de las cinco virtudes cardinales (junto a la sabiduría, la moderación, la justicia y la piedad), una virtud esencial para luchar en una guerra pero también imprescindible para enfrentarse a una enfermedad, una pérdida, un conflicto vital y liderar una organización o un equipo de trabajo.

El coraje es la primer virtud del liderazgo, ya que hace posible todas las demás virtudes.

El liderazgo requiere coraje porque un líder tiene que dar el primer paso y tomar la iniciativa.

Los líderes deben tener la valentía de tomar decisiones aunque sean impopulares.

Cuando se encuentran en una posición de responsabilidad, los líderes , deben tener el coraje de creer no solo en ellos mismos sino además en las competencias de las personas de su equipo, transformándose en facilitadores, otorgando la confianza y minimizando la necesidad de controlarlos.

Los líderes necesitan coraje además para dejar que otros tomen parte en el resultado de un proyecto.

Un líder también debe tener el coraje de hablar de los temas difíciles, que generalmente nadie quiere tratar y dar retroalimentación de los mismos.

Requieren tener coraje aquellos líderes que van a tomar acción basándose en una idea o concepto que parece no encajar en la visión actual del mundo, o en la mirada del ámbito en que se desenvuelven.

Es necesario coraje en el liderazgo para aceptar las ideas, cosas y personas con las que están en desacuerdo o que desafían a sus convicciones y al propio ego.

Demanda coraje decir “no puedo”, “no sé”, “no quiero”, “perdón”, “me equivoqué “, “me hago responsable”, asumiendo y exponiendo la vulnerabilidad del liderazgo.

Es imprescindible el coraje en aquellos líderes que pretenden introducir transformaciones, desde una práctica, un cambio de metodología o un nuevo modelo de gestion en su equipo u organización, y simultáneamente estar abiertos a posibilidades e ideas distintas de las que los apasionan.

Necesitan coraje los líderes para ser quienes quieren ser y decir lo que piensan con respeto y ante quien fuere, evitando caer en el facilismo de ser “políticamente correctos” dependiendo del interlocutor o la audiencia que los interpela.

En definitiva serás un líder con coraje, o no serás nada.

Sin coraje no hay liderazgo TRANSFORMATIO

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