En 1982 Marco Denevi publicó en La Nación un editorial titulado “La viveza, entre la inteligencia y la estupidez” que luego de su lectura debo reconocer marcó una bisagra, no solo en mi vida profesional sino tambien en la personal.
El escrito de no más de tres páginas, tuvo una influencia similar al que en su momento me produjeran la obra magna de José Ingenieros “ El hombre mediocre” o su ensayo sobre “Sociología Argentina” ambas piezas de principios del siglo XX plenamente vigentes más de cien años después.
Y el tema que Denevi aborda no es ni más ni menos que el de la actitud y aptitud de las personas ante inconvenientes u obstáculos en el tránsito hacia sus objetivos:
“Frente a un problema concreto, la reacción mental del hombre inteligente es dinámica: buscará el camino de la solución, a menudo a través de exploraciones, de asedios desde distintos flancos, de razonamientos abandonados en un punto y recomenzados en otro, hasta encontrar la salida”.
“Asimismo el estúpido, será el hombre que permanece entrampado por un problema sin atinar con la salida, aunque a veces adopte la agitación convulsa de una mariposa encandilada por una luz muy fuerte o los movimientos desesperados de un animal dentro de una jaula. Las dos únicas reacciones del estúpido serán la resignación o la violencia, dos falsas salidas, dos fracasos”
Ambos, a ojos de terceros en principio no responden, solo que el inteligente en su cabeza está tratando de comprender la situación para procurar la solución y a actuar en consecuencia, mientras que el estúpido entra mentalmente en un estado de “estupor”, palabra de la que deriva su denominación, y que significa quedarse quieto, inmóvil, paralizado, aunque físicamente muestre reacciones o movimiento hacia ningún lado.
Mientras más complejo sea el problema a resolver, más tardará el proceso de devolución por parte del inteligente, en caso que encuentre una resolución que entienda adecuada.
Y es en esa brecha temporal, precisamente donde suele aparecer la figura o el fenómeno del “vivo” o de la ‘viveza”, que en Argentina hemos nacionalizado y que Denevi describe magistralmente :
“La viveza, creo yo, es la habilidad mental para manejar los efectos de un problema sin resolver el problema. El hombre dotado de viveza, el vivo, no ejercita la inteligencia, sino un sucedáneo de la inteligencia, apto para entenderse con las consecuencias prácticas del problema, pero no con el problema mismo.”
Al comienzo y siempre ante terceros legos, el vivo parece inteligente y el inteligente estúpido.
Vivos y estúpidos conocen sus debilidades y generan círculos viciosos, el inteligente en cambio prioriza sus fortalezas y transforma sus defectos en círculos virtuosos que refuerzan su auto estima: su capital más valioso.
Los inteligentes viven los problemas como algo que les pasa y generan cambios para que las cosas sucedan como quieren que ocurran. Los estúpidos se resignan o actúan con violencia. Los vivos maniobran con el efecto o intentan derivarlo a terceros sin resolver la causa.
El estúpido no hace nada, el vivo elude las consecuencias, el inteligente lo estudia.
El estúpido se paraliza, el vivo manipula y el inteligente resuelve.
El inteligente es estúpido ante ciertos problemas que el estúpido ni siquiera advierte, mientras tanto el vivo zafa.
El estúpido se cree moralmente intachable, el inteligente es neutro y el vivo deja la ética al costado.
El estúpido puede saber mucho, el inteligente sabe que no irá muy lejos sin conocimientos, el vivo lo que sabe es aprovecharse del otro.
La realidad a veces nos deja estúpidos, la inteligencia es la que luego nos rescata. El vivo comparte con el estúpido la salida equivocada y con el inteligente cierto tipo de movilidad mental.
El vivo piensa en el efecto, el inteligente en su objetivo.
El vivo si no puede manejar los efectos, culpa a los demás, el inteligente se acusa siempre a sí mismo.
El vivo y el estúpido van la deriva, el inteligente se conoce sí mismo, sabe lo que quiere y domina los métodos que producen las acciones efectivas.
El vivo disfraza la realidad, con un mensaje que carece de claridad, el estúpido no percibe lo que pasa, el inteligente valora la verdad, el esfuerzo y lucha contra el facilismo de quienes prefieren que les mientan.
El vivo cree que puede lograr cualquier cosa, el inteligente sabe que los recursos son escasos y que debe administrarlos con eficiencia.
El vivo y el estúpido anticipan su próximo fracaso porque no visualizan el futuro, el inteligente lo ilumina con ideas y su deseo de concretarlas.
El vivo y el estúpido aceptan su destino perdedor, el inteligente es artifice de su éxito.
Vivos y estúpidos se concentran en no perder. El inteligente imagina el triunfo y visualiza las acciones necesarias para lograrlo. Se concentra en ganar.
Vivos y estúpidos se debilitan con el fracaso al que no aceptan, el inteligente aprende de sus fallas: el obstáculo, la adversidad y el error, son sus motores para el cambio.
Por ultimo Denevi en ese emblemático escrito nos invita a un ejercicio intelectual a modo de reflexión, que me permito trasladarles:
“ En todas las sociedades conviven los inteligentes, los estúpidos y los vivos según proporciones para cada una de ellas…..Pero ahora imaginemos un país (o una organización ) ficticia donde por razones genéticas o por razones históricas, los vivos estén en mayoria “
