La revolución de la ignorancia

Más que una revolución del conocimiento, en las empresas necesitamos una revolución de la ignorancia.

O sea admitir manifiestamente la ignorancia individual y colectiva en relación con asuntos trascendentales.

Ello les posibilitará la facultad de crear una cultura de aprendizaje permanente, siendo más dinámicas, adaptables e inquisitivas respecto de la tradición que supone poseer el conocimiento con exclusividad.

Implementar esta filosofía organizacional expandirá enormemente la capacidad de comprender cómo funcionan su cadena de valor, su ecosistema y el mundo, potenciando la habilidad de adoptar nuevas tecnologías que les mejoren la vida a todos ellos.

Un punto muy significativo es que el aprendizaje empresarial se instala desde lo personal, y de allí la responsabilidad que les cabe a los los líderes y las personas que las integran, en sostener esa actitud.

No habrá empresas que aprendan, donde antes no haya personas con ganas de aprender.

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