En todo proceso de decisión hay 2 grandes aliados por un lado y 2 grandes amenazas por el otro.
Podríamos decir que a nuestro favor juegan la capacidad de procesar información compleja a gran velocidad y el método que usemos para descartar o priorizar la misma.
Pero para concluír si realmente somos competentes a la hora de tomar una decisión trascendente, hay que poner foco en el manejo de los otros dos grandes actores que complementan ese momento: los sesgos y la intuición
La intuición opera en modo automático, porque se alimenta de la experiencia memorizada, el hábito adquirido y tambien el inconsciente: solemos elegir aquello que recordamos más rápidamente o que nos resulta familiar, aunque carezcamos de un conocimiento profundo que justifique dicha elección
Y entre los sesgos, que pueden ser muchos, el mas desequilibrante en esta instancia es el de confirmación o sea hacer acopio de datos, informes, y opiniones expertas que únicamente avalan nuestro criterio predilecto.
Un líder con futuro que quiera transitar con éxito la incerticumbre que suscitan estos entornos volátiles y ambigüos con los que nos seguiremos sorprendiendo, tendrá entre otros desafíos el de convertirse en un experto en minimizar la influencia que despliegan las emociones, los afectos, los sesgos, el inconsciente y el apego a creencias inamovibles y tradiciones férreas sobre las grandes decisiones, para claro está, luego escalar un peldaño aún más exigente: desprenderse, en una medida que sea razonable, del interés propio que tenga en esos momentos de la verdad.
