Según una reciente encuesta, la humildad es una de las cualidades de liderazgo mejor valoradas por los individuos menores de 35 años. Sin duda alguna, es preferible a ser un presumido y un fanfarrón.
Ahora bien, ¿de qué estamos hablando cuando nos referimos a la humildad en el liderazgo?
La humildad es algo bastante más complejo que ser modesto y mantener un perfil bajo.
Por ejemplo, un líder de un equipo exitoso que les agradece a sus colaboradores pero que realmente cree que el resultado se debió únicamente a sus aportes, estaría demostrando modestia pero carecería de humildad.
A su vez, el líder que anuncia el verdadero alcance de sus contribuciones puede parecer inmodesto pero, siempre que hubiera indicado correctamente su agregado de valor al logro del objetivo, no podría decirse que carece de humildad.
Los líderes verdaderamente humildes aceptan sus fortalezas, hablando naturalmente de ellas y asumen totalmente sus debilidades, ya que están dispuestos a pedir y utilizar la ayuda de otros.
Para ser humilde hace falta un buen equilibrio interno, es decir equilibrio personal y por tanto también equilibrio emocional.
En el corazón de la humildad está el de la vocación por servir y la dedicación para ayudar a otros a ser mejores. Desafortunadamente, muchos líderes parecen olvidar que ser útiles a otros debe ser tenido en cuenta más que cualquier otra cosa, y su objetivo en cambio es intentar ser cada vez más importantes.
Ser el líder significa que fuiste colocado en una posición para que te pongas al servicio los demás.
Los líderes que entienden que guiar a otros es un privilegio, rápidamente comprenden que liderar es ante todo acerca del servicio. Lamentablemente demasiadas personas sienten que llegar una posición de liderazgo y autoridad es su derecho divino, cuando en realidad y en cambio es una obligación que conlleva una inmensa responsabilidad.
Los líderes humildes exhiben comportamientos que elevan el espíritu, la autoestima y la confianza, motivando a su equipo para lograr cualquier cosa imaginable.
Con demasiada frecuencia, he visto a los líderes sacarse de encima la responsabilidad por el mal funcionamiento de un equipo, tirando a su gente «debajo del tren» mientras ellos permanecen en el anden, o haciendo sentir su peso posicional y, en lugar de liderar desde el centro, entendiéndose por ello como un lugar de servicio, lo hacen desde la cima de su ego, sobre todo cuando las cosas se ponen difíciles.
Infelizmente muchos se marean con la altura, sintiéndose superiores a aquellos que en su empleo se encuentran por debajo de su nivel de jerarquía en la organización. Y a menudo le suman un cierto nivel de arrogancia ejerciendo sus derechos como jefe pero olvidando la biblioteca de sus obligaciones como líder.
No hay que confundir la humildad con la debilidad o la falta de autoestima; de hecho, se necesita una gran fuerza de voluntad y carácter para poner las necesidades de los demás antes que las propias. No cualquiera puede admitir sus errores, y mostrarse como vulnerable, transparente y falible frente a su equipo.
Los líderes son responsables del éxito y los medios de vida de cientos o miles de personas. Nunca deben olvidar este hecho y priorizar el altruísmo. Sus decisiones, acciones y cómo se llevan a sí mismos impactan a una comunidad grande y diversa que trasciende largamente al negocio que gestionan.
Los líderes deben centrarse en servir a sus equipos primero porque el verdadero liderazgo implica olvidarse de sí mismo e instintivamente reaccionar en el mejor interés de todos.
Las personas no trabajan para el líder. Las personas trabajan para crear valor. Y el líder trabaja con humildad para facilitar ese proceso.
