Estamos en medio de una de las crisis combinadas -económica, financiera y social – más importantes de los últimos 100 años. La pandemia del COVID en sus distintas versiones, ha obligado a los estados del mundo a intentar mitigar sus consecuencias incurriendo en déficits fiscales de significación.
Hubo una impresionante inyección de capital por parte de la mayoría de los Bancos Centrales a tasa cero que generó alta inflación; y ahora los gobiernos están revirtiendo su curso vía política monetaria, con alzas de tasas de interés para controlar el incremento sostenido y generalizado en los niveles de precios, movimiento que impactará directamente con distinta significación en la dinámica de los países, por el freno que le impondrá a la actividad el mayor costo del crédito.
Claramente gran parte de las naciones del mundo están aplicando una receta de desaceleración significativa o incluso una recesión, vía política monetaria para mitigar las presiones inflacionarias.
En USA la Fed acaba de anticipar «dolor» por mayores tasas de interés sacudiendo los mercados a la baja, advirtiendo en boca del presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, que se verán obligados a continuar elevando las tasas de interés y mantenerlas en un nivel más alto, hasta que tengan la seguridad de que la inflación está bajo control. Dando a entender a entender riesgos recesivos.
Por otra parte, pero en el mismo sentido, el Banco Central Europeo se debate entre subir las tasas de interés y el miedo a la recesión. El BCE podría seguir subiendo los tipos de interés pero debe ser prudente con las medidas políticas ya que el riesgo de estancamiento está aumentando, dijeron desde la entidad.
Y mientras tanto en nuestro país el BCRA aplicó una fuerte suba en la tasa de interés para calmar las proyecciones inflacionarias que superan los tres dígitos anuales. La suba en la tasa de política monetaria, expresó la institución a través de un comunicado oficial, «contribuirá a reducir las expectativas de inflación en lo que resta del año». Pero además, agregó la entidad, permitirá «consolidar la estabilidad financiera y cambiaria alcanzada luego de los eventos disruptivos de los últimos dos meses».
Y cuando la desaceleración haga bajar el agua de la marea del mar de los negocios, como dice el genial Warren Buffet, seguramente nos permitirá advertir quién andaba nadando desnudo. No importa si se trate de países o empresas, la recesión o el estancamiento no distinguen para dejar evidenciados los sobredimensionamientos, y las estructuras que sobren deberían tener que ajustarse, sobre todo si generan pérdidas económicas y/o financieras.
En este escenario más que nunca las empresas necesitarán defender sus porciones de mercado, revisar sus costos, reconsiderar sus gastos y encontrar formas de hacer que sus reservas de caja duren más tiempo. Para lo cual los gerentes y o sus dirigentes suelen activar esquemas de gestión restrictivos, «desensillando hasta que aclare».
¿Es conveniente invertir en innovación en escenarios recesivos?
Basta con observar a lo largo de la historia para poder darnos cuenta que las grandes crisis han incentivado grandes cambios y representan oportunidades que muchos han sabido aprovechar con creatividad y emprendimiento.
En periodos de crisis las empresas se enfocan en la resolución de problemas, lo cual se encuentra en el centro mismo de la innovación per se; además surge un propósito común, una nueva visión sistémica y todas las organizaciones, independientemente de su característica, deberían volverse hacia la acción.
En palabras de Carlos Dulanto la innovación “es un proceso de crisis constante” y se basa en priorizar objetivos, investigación, curiosidad, espíritu creativo, esfuerzo, trabajo en equipo, resiliencia, reconversión, reaprendizaje y reorientación
La incapacidad de muchas empresas de aprovechar las oportunidades de la crisis e innovar puede tener consecuencias muy perjudiciales para la habilidad de crecer de esas compañías en el futuro, por lo que no tomar riesgos en el presente puede ser una decisión con un impacto negativo real en el negocio para el día de mañana.
Los directivos deberían tener claro que la actividad de innovación es siempre una inversión y no un gasto, por lo que aplicar recursos en ella es toda una declaración de que el futuro les importa. Intentar salvar el presente recortando su actividad tal vez no alcance por cantidad y es absolutamente desequilibrante en calidad de mensaje a los colaboradores.
¿Pueden las empresas seguir innovando en medio de esta época de ajuste?
La crisis seguramente obliga a cuestionar cosas que muchas veces se consideran inamovibles en la empresa, como la gobernanza, el modelo de negocio, los productos y clientes, las consultorías contratadas, las redes de distribución del producto o servicio, etc. Esta es una práctica que se debería cultivar dentro de la cultura de cada compañía siempre, dejando la ventana abierta al cambio y siendo flexibles para adaptarse a nuevos escenarios.
La mayoría de las organizaciones ha experimentado restricciones que afectan su operación normal y desafían los modelos tradicionales de negocio. Frente a esto, se hace importante buscar nuevas formas de seguir entregando valor a los clientes y usuarios.
Ponerse en escenarios extremos incentiva la innovación al obligar a adaptarse para sobrevivir. Por eso mismo, será clave para las organizaciones pensar continuamente en estos escenarios extremos más que en un estado normal, ya que aunque parezcan impredecibles ayudan en mucho para identificar nuevas oportunidades de forma permanente.
A medida que el escenario se vuelve más complejo, el mundo laboral más fluido y la innovación tecnológica se acelera, encontrar aliados fuera de la empresa es esencial. Por otro lado, incentivar colaboraciones que permitan a las empresas resolver problemas tanto económicos como sociales, es una práctica que debería permanecer incluso luego de la crisis para fomentar negocios más resilientes, sostenibles e integrados con la comunidad.
Uno de los mantras de la innovación es “fallar rápido y barato”. En medio de una crisis esto se hace más evidente, ya que vale más reaccionar rápido y resolver los problemas inmediatos que intentar hacer algo perfecto.
¿Es factible acelerar la innovación empresaria en tiempos de crisis?
Se hace imperativo relajar restricciones y procesos para reducir la burocracia; también es necesario entregar los incentivos correctos y el tiempo para que los equipos puedan innovar y colaborar, y, por último, no exigir la perfección, sino que dar el espacio para la interacción y aprendizaje constantes.
Hemos visto que en estos últimos años la generación de nuevas tecnologías, adaptación de nuevos servicios, nuevos modelos de negocio y el rediseño de la experiencia de los clientes ha sido clave para el funcionamiento de algunas industrias frente a este contexto cambiante.
La tecnología presenta muchas oportunidades para abordar esta crisis. Es una oportunidad de oro para ayudar a las organizaciones a rediseñar la forma en cómo interactúan con los clientes y usuarios, adelantándose a los cambios, redefiniendo y ofreciendo experiencias que se adapten al contexto cambiante en el que nos encontramos inmersos.
Si las empresas esperan «reactivamente» a que la crisis pase, tal vez sea demasiado tarde. El mundo ya no volverá a ser el mismo, los patrones de consumo están cambiando y la “normalidad” no va a volver. Por lo tanto, es imprescindible que las entidades sean «proactivas» en aprovechar la crisis para adaptarse a estos cambios, y esa actitud es esencial para poder salir fortalecidos de esta última versión combinada, pero más importante aún es poder ir un paso adelante y aprovechar esta crisis para construír -no obstante la dura circunstancia- una cultura empresaria de la innovación que permanezca en el tiempo, para que cuando llegue el rebote o la siguiente disrupción, encuentre a la organización preparada.
Si invertir en innovación les parece oneroso, el costo de no hacerlo es la desaparición.
