La disrupción en la política.

La disrupción en la política.

El concepto de innovación disruptiva tan presente en otros ámbitos como el artístico, el científico y el emprendedurismo, está desembarcando ahora en la política argentina . 

Una innovación radical o extrema habitualmente rompe el paradigma anterior de un ecosistema y obliga al mismo o bien a cambiar sus esquemas y adaptarse, o bien a desaparecer . Y eso es lo que estamos observando que está pasando actualmente en el ámbito de gobernanza de nuestro país. 

Como toda cosa que disrumpe, el éxito dependerá del grado de aceptación que su producto tenga en el resto de los consumidores, que no somos otros que nosotros.

La política disruptiva no es un invento de esta circunstancia argentina, sino que ya se han hecho aproximaciones al tema en muchas otras partes del mundo y si bien es algo reciente, debe evolucionar. Aunque oportuno es decir que viaja naturalmente de la mano de una sociedad que se está transformando a marcha acelerada, que demanda que el tiempo de tomar decisiones que afectan a su metro cuadrado se acorte, y que los protagonistas que las tomen también empiecen a ser más eficientes y efectivos.

Ciertamente, y ha quedado demostrado, se pretende por parte de la sociedad un cambio en la forma de hacer política en muchos lugares y en aspectos muy diversos. Por lo tanto la política disruptiva, ya no tanto como teoría sino como práctica, no solo tocará intereses o privilelgios de los procesos centrales de la política tradicional, sino también todo aquello que la acompaña y caracteriza. 

Para empezar, los liderazgos. 

Es evidente que a pesar de que los liderazgos políticos son necesarios e indispensables, hay que entender que deben ejercerse de manera diferente. Hay que repensar cómo se lidera y desde dónde en materia de política. Y no me refiero solo a aquella quimera sobre los liderazgos compartidos, sino más bien a la capacidad que todos tenemos de convertirnos en líderes para transformar lo que nos rodea, la sociedad que nos cobija y el mundo donde vivimos. Nuevas formas de entender y ejercer el liderazgo intervendrán sin duda para provocar este cambio que se necesita de la política.

Los expertos en materia de liderazgo apuntan a que estamos en un mundo donde los líderes tienen que saber preguntar y escuchar más que responder, hacer más que decir y también que los liderazgos deben basarse más en conectar personas en función a una lectura objetiva de la problemática que los afecta, en lugar de imponer criterios de acuerdo a su «propia realidad». 

Los líderes políticos de hoy entonces, deben ser capaces de interpretar, canalizar y movilizar emociones o sentimientos, devolviéndolos en acciones o gestas que aporten al bien común y no a su propio bienestar. 

Es imperativo una nueva política 2.0 que erradique de su entorno elementos tan ligados a la política tradicional, en su concepción más clásica, como la ineficiencia, la burocracia, los gastos superfluos, los privilegios, la opacidad, la corrupción y se podría seguir con una lista tendiendo a infinito. Pero pareciera que la política tradicional en general y la mayoría de sus líderes, no se han dado cuenta de que algunas cosas están cambiado en la sociedad que gobiernan.

Y cuando como resultado de esas maneras tradicionales de hacer política que han fracasado con distintas banderas durante estos últimos 40 años, obtenemos esta realidad argentina donde los recursos son escasos ante necesidades infinitas, y el barco hace agua por donde quiera que se lo mire, es casi de manual que posibilite la aparición de líderes disruptivos, «outsiders» como les gusta citar a la vieja escuela de la politica, que intenten aplicar politicas disruptivas, porque obviamente no se puede cambiar haciendo más de lo mismo, ni con los mismos.

La transformación que se le requiere a la política ante ese nuevo escenario social, exige entonces de mínima un repliegue de los lugares en que se ha enquistado como un parásito. Hay un montón de tareas en distintos sectores de la sociedad en las que la única aportación de la política es su incompetencia sistemática.

Es importante destacar aquí al lector que esa y no otra es la cuestión de fondo. Y eso es además lo que se eligió por la voluntad popular del 55,9% de los argentinos en el reciente balotaje de noviembre pasado. 

Claro que después están las formas.

Respecto de la manera, el estilo y/o el proceder, entiendo que desde el P.E. se han fijado un objetivo que va mucho más allá de pasar un DNU por el Congreso y eventualmente por la Justicia . Lo que el presidente estaría buscando en opinión de muchos entre los que me incluyo -y, en principio, parece estar logrando- es cambiar el eje de la discusión pública, instalar una nueva agenda y forzar que todo el escenario político y social se vea obligado a tomar partido.

Como bien cita el politólogo Lucas Romero :»Esto se trata de una petición de principios, no de decisiones de política pública. Es muy complicado derogar todo ese marco normativo tan diverso en un solo instrumento y sin discutirlo con el resto de las fuerzas políticas».

Entre muchos analistas de estrategia política, se empiezan a escuchar opiniones en el sentido de que no fue por error de cálculo que se han mezclado temas de tratamiento realmente urgentes con otros de urgencia nula. Ni tampoco que se haya subestimado la capacidad de la oposición para frenar el DNU. Más bien al contrario, lo que prevalece es la idea de que el P.E., consciente de su situación de minoría en el Congreso, intenta transformar su debilidad en fortaleza. 

Lo que pareciera concluírse en relación a lo que ha hecho el presidente Milei, al igual que en su campaña como candidato, fué captar comunicacionalmente nuestra atención poniéndo los temas sobre la mesa en forma de DNU, y ahora todos, inclusive la política tradicional, nos encontramos conociendo y discutiendo cosas que ignorábamos, o de las que antes no se hablaban y que en muchísimos casos tenían a los consumidores, o sea nosotros, como rehenes . 

La pretensión es bien clara, retirar el rol del Estado en sectores donde no aporta más que requisitos burocráticos. Se podrá decir que todavía hay mas cosas por eliminar, o que faltan él o los proyectos de ley ómnibus que se enviarán al Congreso. Y es verdad, pero eso no quita que por ahora se tenga que analizar lo que está sobre la mesa.

La amplitud de temas que aborda el decreto 70 que firmó el presidente Javier Milei junto a todo su Gabinete ha despabilado a toda la sociedad, involucrándola en análisis y debates de todo tipo. Las opiniones sobre centenares de regulaciones archivadas, sustituidas o modificadas son tan inciertos como los escenarios posibles sobre el futuro del decreto. Y en medio de todo esa vorágine, hay una cosa para rescatar que es muy positiva. En esta Navidad, y gracias a la disrupción operando en la política, la Argentina se comprometió en una discusión ausente durante mucho tiempo : desregular o no la economía y en consecuencia, los negocios y hasta la vida de los ciudadanos.

La disrupción funciona al revés que el dogma o el credo con que habitualmente opera la política tradicional. Mientras éste último tiene respuestas para todo independientemente de que resuelva algo o no, aquella en cambio te obliga a plantearte nuevas preguntas, y esos interrogantes son un «input» fundamental para empezar a cambiar una cultura que hemos normalizado.

Espero que el árbol de las formas de la política tradicional no obstaculice el bosque del fondo donde se alojan las soluciones que la gran mayoria de la sociedad argentina anhela, para dejar de ser el país de la eterna promesa y convertirnos en la Nación que imaginaron nuestros ancestros y se merecen nuestros hijos y nietos.

Con ese deseo voy a elevar mi copa en estas fiestas. 

Felicidades!!!

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