Conexiones creativas

Conexiones creativas

La creatividad en la empresa no es solo lanzar una buena campaña de marketing o inventarse un eslogan ingenioso. No es por ahí. Si de verdad querés cambiar las reglas del juego, se necesita abrir la puerta a ideas que, a simple vista, no tienen nada que ver con lo que estás haciendo. La magia ocurre cuando otras disciplinas como por ejemplo el arte, la ciencia y hasta la filosofía se mezclan con tu propuesta de valor en un cóctel que transforma la creatividad en una fuerza impulsora.

La cosa no va sobre citar al autor del circunstancial «best seller». Se trata de comprender que la innovación auténtica rara vez nace en despachos o de reuniones de comité. La buena creatividad –esa que cambia el rumbo de las empresas y hasta de las industrias– surge cuando se tiene la osadía de tomar y adaptar ideas de otras disciplinas o de otros ecosistemas. ¿Seguís pensando que que las matemáticas son solo para contadores?. ¿La biología y tu negocio no tienen nada que ver?. ¿Y el deporte?.

Muchos aún creen que cada área debe quedarse en su ámbito: los creativos con sus ocurrencias, los financieros con sus números y los ingenieros con sus prototipos. Pero quienes realmente logran ser líderes en sus sectores ya lo entendieron antes: es cuando el artista y el ingeniero se sientan juntos que las ideas fluyen empezando a cambiar de color. Aquí no hay un ambiente de “cero errores”; aquí hay tipos de arte, diseño o ciencia que aportan desde ángulos inusuales, y con ello crean soluciones que a veces ni sabías que necesitabas.

Encerrarse en el conocimiento vertical, en lo que uno ya sabe y domina, es la receta perfecta para el pensamiento grupal y el famoso “rigor mortis” empresarial. Esa rigidez que mata la innovación y convierte la empresa en una fábrica de ideas muertas antes de nacer. Si tu gente está formada solo para seguir la misma línea, repetirse y “no salirse del guion”, al final todos pensarán igual, todos verán igual… y nadie se atreverá a cuestionar nada. Esto es el terreno perfecto para quedarse estancados o retroceder mientras otros, con mentes frescas y puntos de vista variados y hasta encontrados, avanzan sin mirar atrás.

No es que te vas a despertar un día y decir: “hoy seremos interdisciplinarios.” La creatividad en una empresa se construye con sistemas y métodos, con gente que piensa diferente y con proyectos donde un diseñador pueda opinar sobre ingeniería, un científico sobre la experiencia de cliente, un contable sobre marketing y uno de comunicación sobre finanzas. Como en los laboratorios donde mezclan neurociencia con diseño, o en las oficinas de Silicon Valley donde los profesionales estructurados hablan con los artistas. Esto no se trata de cumplir una moda, sino de visiblizar los «puntos ciegos» que cada área tiene y que otros nos ayuden a ver lo que no pudimos, no supimos o no quisimos mirar.

Así que, si querés que tu empresa realmente destaque, hay que superar el miedo a probar cosas distintas. Las mentes creativas, las que han cambiado la historia, se han alimentado con ideas de aquí y de allá. En tu compañía, creatividad debería ser lo mismo que atrevimiento. Porque los grandes éxitos creativos no nacieron del manual corporativo, sino precisamente de romperlo en mil pedazos. Y ahí, entre los escombros de viejas ideas, hacer nacer algo nuevo y diferente.

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