Unicornios argentinos: ¿El fin del hechizo?

Unicornios argentinos: ¿El fin del hechizo?

Durante años nos encantó la historia —y a veces la creímos con devoción— de que los unicornios argentinos eran la prueba de que podíamos jugar en las grandes ligas. Que si había talento y algo de financiamiento, desde un garage de Rosario o un cowork de Palermo podía salir el próximo gigante global. Y por un tiempo, lo fueron. Globant desfilaba en Nueva York como una estrella del Nasdaq, Bioceres prometía salvar al mundo con soja resistente a sequía. Parecía que habían encontrado la fórmula.

Pero el hechizo se está desvaneciendo.

Las acciones de Globant tuvieron una abrupta caída. Su crecimiento se desaceleró, su margen se comprimió, y la competencia global no perdona. Ha comenzado un proceso de «downsizing» que habrá que ver dónde termina. Ya no alcanza con ser el argentino que llegó; hay que seguir ganando partidos todos los trimestres.

Bioceres, que alguna vez soñó con ser la “Monsanto con alma” del sur, atraviesa su propio viacrucis: ingresos planos, costos altos y un contexto macroeconómico que se devora cualquier intento de planificación. Como consecuencia lógica la caída de sus acciones. A lo que se suma una reestruturación de urgencia en su holding de empresas que el mercado aún no alcanza a comprender. La soja HB4 fue una gran promesa tecnológica, pero la ejecución (y la monetización) se empantanaron entre regulaciones, devaluaciones y falta de escala.

La fiesta de valuaciones terminó

Durante el auge tech post-pandemia, muchos unicornios volaban alto sin despegar del piso financiero. Valían más por lo que podían llegar a ser que por lo que efectivamente eran. Pero el viento cambió: las tasas subieron, los inversores miran las proyecciones con más crueldad, y la narrativa de “crecimiento a toda costa” ya no cierra si no hay caja, EBITDA y consistencia.

Argentina, además, aporta su cuota de realismo mágico: inflación crónica, restricciones cambiarias, reglas de juego efímeras y una fragilidad institucional que multiplica el riesgo operativo.

¿Fracaso? No. ¿Alerta? Sí.

Ni Globant ni Bioceres han fracasado. Siguen siendo compañías valiosas, innovadoras y con potencial. Pero sí están atravesando un aterrizaje forzoso de sus expectativas. Y eso sirve como advertencia para quienes aún creen que el objetivo es “ser unicornio”, como si la etiqueta valiera más que la rentabilidad o la resiliencia.

Lo verdaderamente importante no es llegar a valer mil millones, sino seguir valiendo algo dentro de cinco años. Lo esencial no es levantar capital, sino justificarlo con resultados reales por gestión de operaciones.

Unicornios, sí… pero con casco

Necesitamos menos mística y más estrategia. Menos gurúes y más gestión. El emprendedor argentino ya demostró que puede crear cosas grandes. Ahora toca demostrar que también puede mantenerlas, hacerlas rentables y adaptarlas a contextos hostiles.

El futuro de nuestras empresas tecnológicas y biotecnológicas dependerá menos del relato y más del detalle porque allí es donde se esconden los demonios: márgenes, eficiencia, gobierno corporativo, planificación de largo plazo.

La era del unicornio encantado se terminó. Bienvenidos al mundo real.

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