Gran parte del conocimiento predominante sobre la razón de ser de las organizaciones y la relación con sus stackholders se realizó en un mundo muy diferente al que vivimos hoy, donde las empresas eran percibidas como máquinas de rentabilidad y el resto de los actores se desenvolvía en el mundo aparte de los colaboradores, proveedores o clientes.
La empresa actual requiere un nuevo modelo mental y un nuevo formato organizativo, amerita un proceso de reimaginación, una parada estratégica para repensarla, que primero procure foco en el rol que le corrrespondería a la entidad en el marco de las nuevas reglas de juego que el hábitat de negocios demanda, y que al mismo tiempo valide los nuevos caminos que posibiliten vincular su aggiornada razón de ser con el resto de los interlocutores del ecosistema.
La nueva época post pandémica impone la necesidad de evolucionar hacia un modelo de empresa totamente distinto. La buena noticia es que si se logra implementar con éxito una adecuada metodología de gestión empresarial, se podrán aprovechar los retos estratégicos de un mundo que cambia a un ritmo vertiginoso. Y así ofrecer mejores productos y servicios, crear más riqueza, generar más y mejores empleos, y todo ello a mayor velocidad que en el pasado. Es decir, que aunque las consecuencias de un mundo en constante cambio tengan su aspecto negativo, también suponen una ventaja potencial gigantesca.
Participación, inclusión, sustentabilidad, transparencia, colaboración, integración y cooperación entre otros, son los nuevos drivers que hacen tambalear la clásica y conocida estructura jerárquica de las corporaciones debido a que la era digital obliga a dar rápida respuesta a los nuevos retos y donde a priori parecería que la agilidad estuviera indicando el norte a seguir.
En un mundo tan inestable como inmediato, la velocidad de las empresas en adaptarse al cambio es clave, por lo que tener equipos que sepan ejecutar la estrategia, de una forma rápida y eficiente, es fundamental.
Por otra parte, entornos de mercado supercompetitivos, muchas veces obligan a modificar rápidamente estrategias para encontrar nuevos modelos de negocio o nichos, así como nuevos consumidores.
Generar una cultura empresarial emprendedora, pareciera ser la respuesta a todas las preguntas e inquietudes porque en definitiva es desde allí desde donde pueden gestarse las verdaderas transformaciones para el logro de los objetivos.
Y si bien podría decirse que ello resultaría relativamente sencillo cuando se trata de nuevos emprendimientos, ya que ese comportamiento es innato a los mismos, no resulta tan así cuando intenta abordarse en entidades con muchos años de funcionamiento con relativo nivel de éxito y con un fuerte arraigo a sus tradiciones, por ser organizaciones que han estado enfocadas, durante gran parte de su existencia, en la optimización de sus procesos internos, es decir han estado más centradas en obtener eficiencias operativas que en adquirir una verdadera agilidad estratégica para poder capitalizar las oportunidades del mercado y evitar las amenazas que trae la dinámica del mundo actual de una forma rápida y segura.
Lograr que perfiles de empresa y estructuras endogámicas, que están más enfocadas en mantener el control de ellas mismas y lo que las rodea, con estrategias escritas en piedra y a muy largo plazo, con poca vocación por realizar transformaciones internas y respondiendo de forma reactiva a los cambios que propone la época que nos toca atravesar, adopten una filosofía de startup, promete ser una ruta a navegar en un mar súper turbulento no apto para marineros inexpertos.
La arquitectura organizativa sería, en última instancia, el medio para lograr ese fin: ser capaces de interactuar en un contexto determinado para aprender, adaptarnos y mantenernos competitivos. De ahí que las organizaciones del futuro -como sostiene el profesor de Harvard Business School, John P. Kotter en su libro Acelerar– para hacer frente a los nuevos desafíos han de tener una estructura dual, que les permitan lograr en simultáneo los resultados con una mayor capacidad de recuperación operativa frente a la complejidad y la volatilidad de un mundo digital.
Dos estructuras dentro de una misma organización. La primera centrada en la consecución de los resultados del día a día de los negocios y una segunda complementaria que opere como una red ágil, centrada en las nuevas oportunidades y demandas del futuro. La dualidad organizativa proporcionaría así un nuevo enfoque prometedor para la innovación continua y discontinua dentro de la misma empresa, mediante el uso de la jerarquía para la explotación de los recursos existentes y la redarquía para exploración de nuevas oportunidades emergentes.
Los líderes empresariales en la actualidad se encuentran ante un enorme desafío, ya que por un lado son conscientes de que necesitan, para mantenerse a la vanguardia del torbellino de cambios tecnológicos y sociológicos, primero definir el rol futuro de sus entidades en el nuevo ambiente de negocios que el entorno plantea, luego procurar una nueva arquitectura organizacional que facilite la consecución de los cometidos conjuntos del negocio y la innovación y además a partir de allí reconstruír el acuerdo que los vincula a todos sus grupos de interés.
El mundo que queremos para nuestra empresa mañana, comienza con la forma con la que hoy estamos trabajando. Quedará mucho por experimentar en la materia aprendiendo de cada error. Sin embargo, las empresas que empiecen antes su transformación, experimentarán al menos la satisfacción de haber intentado recorrer su camino, porque nadie tiene el éxito garantizado, lo único que se podría asegurar es que las que la nieguen o la retrasen van a sufrir mucho, si es que sobreviven.
