El Bar del Bajo es el reducto preferido por los ejecutivos de la ciudad para las charlas «after office». Un lugar con buenos tragos, mejor gastronomía y suave música chill out, que conforma un clima ideal para distenderse motivando el diálogo.
La crónica que traigo data de una fría tardecita de principios de junio, donde coincidía – mesa contigua – con un grupo de funcionarios de la alta dirección de una empresa. Hablaban en voz demasiado alta, y si bien yo trataba de concentrarme en responder mensajes desde el smartphone, no podía evitar ser testigo silencioso de aquella conversación prospectiva.
El tema que abordaban era el de la sucesión del «Chairman», que había decidido dar un paso al costado luego de muchos años, y como el asunto -a juzgar por el tono- iba subiendo de intensidad, decidí aprovechar mi espectacular platea para ser involuntario espectador involucrado en aquel debate acalorado.
«Considero que el próximo CEO de la compañía, debe ser alguien de Capital Humano» afirmaba con su Negroni en mano, el más sanguíneo los participantes – podríamos decir que a esa hora de la soirée estaba lejos de ser el HRBP ideal – y que para continuar fundamentando su posición sostenía : «El resto de los expertos deben asesorar al experto en personas si realmente se trata de hacer crecer el negocio, sobre todo porque los colaboradores lo son todo».
«En mi opinión el futuro número uno debe provenir de IT», propuso a posteriori un portador de finos lentes estilo italiano con cristales antireflejo, mientras revolvía el Mojito con un sorbete ad hoc. «Todas las empresas en el futuro serán tecnológicas, esta no será la excepción, y si lo es, tal vez no tenga futuro. El 100 por ciento de las cosas se resuelven por adecuados procesos vía la tecnología y los actuales dirigentes, no tienen la más mínima idea de eso».
El intercambio se iba poniendo picante – tanto como el pulpo al fogato que habían pedido para compartir – y me trajo el recuerdo de aquel viejo cuento con moraleja, en relación a las partes del cuerpo humano que intercambiaban opiniones sobre cuál de ellas era la más importante, hasta que una decidió en protesta realizar un paro de 24 horas. Pero evidentemente, tal vez por tratarse de gente muy joven no lo habían escuchado, y seguían entonces empujando sus opiniones con poco o nada de escucha.
«El nuevo líder seguramente vendrá de la Operación, sencillamente porque es nuestra razón de ser. Somos el producto que fabricamos y no se concibe alguien al frente de la compañía que desconozca cómo se llega a eso», expresó con un tono más bajo pero con firmeza, el que había optado por consumir una pinta liviana y papas con cheddar, pero que a la vez no dejaba de atacar el plato de la mesa, sugiriendo adicionar una porción de rabas.
«No coincido con ustedes, la experiencia de cliente es lo determinante para esta empresa, y el nuevo capitán del barco sin dudas, tiene que ser alguien de Marketing» dijo la única dama de aquello que intentaba parecer un equipo – pero que no lo era-, mientras movía en círculos su vaso de Jonnhie Walker haciendo chocar una y otra vez, los dos hielos. «Satisfacer y superar las expectativas de nuestros consumidores es lo que nos mantendrá en la cresta de la ola, de eso es lo que se trata y en la cúpula debemos tener un nuevo líder que conozca en relación a eso».
Ya no sonaba el chill out, habían cambiado la música y de fondo se escuchaba «At last» de Etta James. El acuerdo no se vislumbraba, todos inflexibles en sus posturas, nadie cedía un ápice ni reconocía aspectos positivos de las otras propuestas. Hasta que apareció Gorka, el tradicional mozo y además dueño del lugar, pidiendo disculpas por interrumpir tan ameno diálogo.
«Chicos me van a tener que disculpar, pero debo cerrar la caja, así que tengo que cobrarles» espetó aquel natural de Castro Urdiales, tan vasco como los txipirones al ajillo que hace un rato había traído como «atención de la casa».
La dama del grupo como buena marketinera, aprovechó la ocasión para interpelarlo, incorporándolo a la ronda como intentando buscar una receta fuera del grupo -ya que por dentro la conclusión a todas luces parecía lejana -: «¿A ver Gorka? Una consulta no solo como emprendedor, sino además como cliente y proveedor al mismo tiempo de nuestra empresa, o sea un stackholder más que válido», – primer plano a la cara de asombro de Gorka – «…¿qué tipo de perfil sería el de tu preferencia para liderar una empresa de cara al futuro?, ¿un experto en personas?, ¿un tecnológico?, ¿un profesional del markekting?, ¿ un especialista del negocio?…»
Ante la pregunta Gorka levantó sus cejas y hombros al mismo tiempo, meditó sus palabras durante unos 10 o 15 segundos con la mano derecha sobre su barbilla, y finalmente dijo: «No sé nada sobre la compañía de ustedes, y supongo que estoy ante gente más habilitada que yo para hablar de eso, pero en el caso de la mía, el líder es la Caja, y prefiero que lo siga siendo, sobre todo por su sinceridad. Cuando no hay, no hay, y no se puede disponer de lo que no existe. La Caja jamás promete nada y por lo tanto tampoco genera expectativas. Nunca te defrauda y todos los días te da la chance para que materialices tu sueño.»
Y agregó Gorka ya entrando en confianza : «Cuando la Caja está bien y sobra, somos todos más felices. Propietarios y empleados nos damos los gustos, invertimos en el bar, nos permitimos ahorrar y hasta ser solidarios con el entorno. Pero cuando la Caja está mal, y que no alcanza nos damos cuenta enseguida, todos ya sabemos lo qué hay que hacer. La Caja en falta nos disciplina y entonces atendemos mejor, tratamos de mejorar el producto, cuidamos los gastos y las compras, nos animamos entre nosotros para no decaer, restringimos el fiado y contenemos al cliente para que no se vaya al bar de enfrente.»
Dentro de esa mesa faltaba la opinión de alguien, a primera vista muy particular, ya que era el único con un oufit que incluía corbata, todo un hereje no solo en vestimenta sino en bebida, porque había pedido nada más que un agua sin gas, y si bien estuvo siempre en silencio – aunque nunca apartó los ojos de la pantallita de Bloomberg que claramente se distinguía en su celu- después de escuchar la opinión de Gorka, no solo esbozó una ancha sonrisa y le palmeó la espalda, como si el vasco hubiera dicho lo que él hubiera querido decir, sino que además procedió a pagar la cuenta de todos con una American Express, estimo corporativa.
Se fueron como llegaron, no arribaron a ningún acuerdo, como en toda buena charla del después de la oficina, y en la despedida se prometieron volver el mismo día de la semana entrante, para seguir hablando sobre el asunto. Como soy habitué del Bar del Bajo, trataré de estar por allí, dentro de mis posibilidades, para ver cómo sigue esta historia de final abierto que logró intrigarme.
En el mientras tanto, me llevo de regalo el concepto Gorka sobre la sinceridad de la Caja, algo tan simple y de altísimo impacto, que muchas veces por la parafernalia de cosas en las que están envueltas algunas organizaciones de negocios suelen sozlayar en sus emprendimientos.
Y confieso sinceramente que me llenó de preguntas adicionales, la inquietud planteada en relación a cual el sería perfil de CEO que desde el presente, «garantice» o brinde la mejor perfomance posible en el tránsito de una empresa hacia su futuro.
Continuará…
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