Cuando el pasado te alcanza

Cuando el pasado te alcanza

Ese miércoles llegué al Bar del Bajo con bastante retraso a mi habitual horario. El centro estaba fatal. A algunos de los genios de la Municipalidad se les ocurrió arreglar sus principales calles en horario pico de circulación, así que al natural caos se sumó la inoperancia de la planificación. Imposible llegar en tiempo a cualquier lado.

Los integrantes del comité de dirección empresario ya estaban reunidos en su habitual «after hour» de mitad de semana. Estimé que debían haber efectuado la propuesta a su Directorio de trabajar con un equipo gerencial multidisciplinario, con liderazgo rotativo y sin un CEO definido, dado el retiro del actual . Semblantear desde lejos la mesa no me permitía sacar muchas conclusiones, así que con la excusa de un pedido me acerqué a la barra donde Gorka rejilla en mano me recibió con un saludo.

—Buen día!!! ¿lo de siempre?

—Buen día Gorka. Cortado en jarrita y un exprimido de naranja—le respondí.

Desde una mejor perspectiva, advertí que en la mesa de funcionarios, el pedido de tragos era idéntico a los de las dos oportunidades anteriores. Agua sin gas para el líder financiero, un Negroni para el HRBP, Mojito para el tecnológico, Pinta para la Operación y Whisky para la dama del Marketing. Denotando una rutina individual que me sembró cierta duda sobre la capacidad de promover transformaciones comenzando por lo personal.

En ese momento tenía la palabra el jefe de la Operación que moviendo ampulosamente sus brazos decía:

—De alguna manera comprendo la postura de los propietarios. Son momentos muy difíciles y ellos necesitan tener en claro quien lidera. No se olviden que son la tercera generación de los fundadores, no son del palo del negocio y están seteados genéticamente en modo «jefe». Para ellos el lider es el que manda, lo demás es maquillaje.

—¿!?! Qué decís?!? Me aterra que lo comprendas, entre comillas, porque a vos entre otras cosas te están pagando para que ellos no se equivoquen, y en tu comprensión, entre comillas, te ponés a mirar para otro lado mientras chocan la calesita—lo cruzó la dama del marketing, que evidentemente no mandaba a decir las cosas. 

—Que haya calma!!!—clamó el responsable de las finanzas golpeando con el vaso su botella de agua mineral a modo de campana—pelearnos entre nosotros no sirve ni nos ayuda. Claramente los propietarios no están a la altura de la circunstancia, pero evidentemente también nuestra propuesta no ha sido ni oportuna ni convincente.

La sensación térmica que emanaba de la mesa no daba para que Gorka les ofreciera algo para el picoteo. El horno no estaba para bollos literalmente.

—Ponéle que los tipos no entiendan de nuevos modelos organizativos y que hayamos llegado tarde y mal con la propuesta—acotó el tecnológico mientras limpiaba sus lentes con cristales antireflejo— ya no me importa quién sea el CEO, lo que verdaderamente me inquieta es la mirada que tienen los dueños en relación a cómo pretenden que administremos el negocio, en este entorno recesivo no solo a nivel país sino también global. 

—Exactamente!!!—pareció despertar el HRBP—Tener que escuchar la metáfora que la empresa en estos momentos es un barco en guerra que necesita un nuevo capitán, y que hacerlo demasiado deliberativo es cuanto menos de ingenuos, fué muy fuerte.— y continuó.

—¿Para qué estuvimos trabajando en metodologías ágiles y en empoderamiento de los colaboradores?. ¿Para qué hablamos de horizontalizar la organización si a la hora de los bifes seguimos siendo verticales?. ¿Dónde queda ahora eso de desaprender, si lo que nos solicitan es desempolvar las recetas de hace 40 años atrás cuando algunos de nosotros no habíamos ni nacido?. Falta que nos pidan que midamos tiempos y movimientos de los puestos de trabajo como en la época de Taylor.—cerró su participación con ironía y desánimo el hombre del Capital Humano de la empresa.

—En cualquier momento lo hacen!!! No les des ideas!!!—le contestó el financiero, guiñándole el ojo con una palmadita en el hombro como para desdramatizar la situación.

—Al final eso de que las organizaciones empresarias son infinitas, es para la tribuna—volvió a la carga el jefe de la Operación—Por el contrario son bien finitas. Si la línea de arriba no alcanza el volúmen esperado y/o la línea de abajo no llega a retribuír suficientemente con dividendos, olvidate de todo lo del medio.

—Espero que en ese tren de ajuste no se les ocurra recortar las inversiones en tecnología que ya tenemos comprometidas. Forman parte de nuestro proceso de transformación digital que es lo mismo que decir futuro, esta empresa será digital o no será—aportó el líder de TI.

—Gorka tenía razón !!!—dijo al borde del grito la lideresa del Marketing—La caja es sincera, porque mientras ella está bien somos todos unos progres bárbaros, pero hasta ahí nomás. Ya lo decía mi abuelita andaluza : «Tu me quieres y yo te quiero, pero no me toques el dinero».—levantando su copa de Juanito Caminante y proponiendo un brindis.

Y brindaron como dando la bienvenida a un pasado que los había alcanzado. Ese nuevo actor al que solo conocían por los dichos de sus padres o de sus abuelos, pero que no habían experimentado al menos profesionalmente. Ese choque de copas me trajo el recuerdo de las arengas previas en esos equipos que saben que van a un partido dificilísimo, sin otra estrategia que aguantarlo primero y si se puede jugarlo después. ¿Servirá esa vieja receta para ganar el futuro? 

A juzgar por lo escuchado, la cultura conservadora de las tradiciones, ahora con motivo de la crisis, se había desayunado una vez más a una estrategia que intentaba ser superadora. La billetera seguía matando galanes. Suficiente para mí que ya tuve varias vidas invertidas en ese pasado con suerte diversa. Los dejé con sus dilemas existenciales y me concentré en el librito de Charlie Munger, que había comprado en la librería de la vuelta.

—¿Por qué brindan en la mesa de los ejecutivos?—Me interpeló Gorka mientras arrimaba otro exprimido de naranja sin siquiera consultarme.

—Por el pasado que comienza a acompañarlos Gorka. Espero y deseo que nunca lo tengan por delante. Pero de ellos depende. 

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