En el gran salón de la burocracia de las organizaciones, se encuentran jarrones chinos de exquisita factura, piezas únicas que en su momento fueron el orgullo de la colección. Estos jarrones, finamente decorados, simbolizan a aquellos funcionarios y directivos que, en tiempos pasados, desempeñaron un papel crucial en la empresa.
Su presencia era sinónimo de sabiduría, estabilidad y estatus. Sin embargo, a medida que pasan los años, los jarrones empiezan a ocupar más espacio del necesario y su mantenimiento cuesta en todos los sentidos posibles. Su belleza y legado histórico son innegables, pero su utilidad práctica y aporte de valor de cara al futuro disminuye progresivamente.
Los nuevos tiempos exigen dinamismo y adaptación, cualidades que estos antigüos guardianes de la vieja manera de hacer las cosas ya no pueden ofrecer con la misma eficiencia. Los jarrones, que alguna vez fueron el centro de atención, ahora impiden la reconfiguración del espacio, estorbando el flujo de nuevas ideas y obstruyendo el paso a aquellas de personas valiosas que con otra mirada podrían aportar frescura y renovación a la gestión o la dirección.
La organización, como cualquier salón, necesita constantemente rediseñarse para seguir siendo relevante. Mantener los jarrones chinos más allá de su tiempo de esplendor no solo limita el crecimiento, sino que también crea un ambiente de estancamiento que claramente puede ser aprovechado por los adversarios del mercado.
La lección es clara: hay momentos en los que el valor de los jarrones reside en su retiro elegante, permitiendo que la organización respire, evolucione y acomode nuevas piezas que, en su tiempo, también tendrán su momento de gloria. Muchas entidades lo advierten en forma oportuna y operan en consecuencia, otras lo ignoran por completo y siguen con la inercia, pero las que peor lo pasan son aquellas que siendo concientes del fenómeno miran para otro lado.
Así, en esta alegoría, los jarrones chinos representan a esos funcionarios y directivos que, por no irse a tiempo, terminan convirtiéndose en obstáculos, perjudicando inconscientemente aquello que ayudaron a construír.
Su salida, manejada con el respeto y el honor que merecen, podría abrir paso a un futuro donde nuevas figuras puedan emerger y brillar, intentando con nuevos bríos que el ámbito de la compañía permanezca con el adecuado tono muscular para seguir dando batalla, siempre vibrante y en movimiento.
