En el teatro empresarial moderno, estamos acostumbrados a fijarnos en las estrellas. Esos actores que, como protagonistas en un escenario, brillan sobre las tablas y se llevan los aplausos. Su trabajo, a la vista de todos, parece sostener la obra. Pero en cada función hay también actores de reparto, esos laburantes de la escena que, sin tanto acompañamiento de los focos, aportan solidez y consistencia a la trama de la gestión de cada función.
Deberíamos pensar en ellos no como figuras menores, sino como el elenco que permite a las figuras estelares hacer lo suyo. Son los que aseguran la fluidez, que el guion siga su curso y que, cuando el protagonista tenga un mal día, la obra no se venga abajo. Ellos son los que entienden el papel de fondo, que puede que no arranque ovaciones, pero sin el cual toda la puesta colapsaría.
Detrás de cualquier gran empresa, en realidad, hay una obra continua donde no se trata solo de talento brillante, sino de un balance entre los que destacan y los que sostienen. Porque en toda buena historia, el éxito no depende únicamente de los que las luminarias distinguen, sino de esos personajes que, con sus líneas y su esfuerzo, dan soporte y estabilidad.
Y, como en todo buen teatro, estos actores de reparto saben cómo lidiar con el peso de la rutina, con la falta de reconocimiento e incluso con la volatilidad del protagonista. En lugar de buscar los aplausos, valoran la estabilidad, la continuidad; y aunque no buscan ni una ovación, son conscientes de que la obra depende, en gran parte, de ellos.
La cuestión es que, en muchas empresas, se ignora la importancia de estos actores de reparto hasta que falta alguno. Solo entonces, cuando el equilibrio se rompe, reconocen su papel esencial. ¿Será que los han estado subestimando? ¿O que, cegados por las luminarias, olvidaron que para que una función sea buena, se necesita un elenco sólido, complementado y comprometido?
Valorar los actores de reparto significa también retenerlos y motivarlos, porque su salida no es tan aparente, pero sí puede ser devastadora. Estos colaboradores se merecen más que un aplauso al final de cada función. Merecen el reconocimiento de ser el alma del teatro empresarial, esa fuerza silenciosa que nunca se ve, pero que siempre está ahí, sosteniendo la trama en cada acto.
Porque, al final, toda empresa es una obra que debe construírse colectivamente, y como tal, cada personaje —desde el más fulgurante hasta el más discreto— tiene su rol crucial. La próxima vez que veamos una buena función, recordemos que, más allá de las estrellas del «cartel francés», son los actores de reparto quienes, jornada tras jornada, mantienen en pie la escena.

muy bueno Ale!!! Y totalmente cierto. Además podríamos pensar en los útileros, sonidistas, iluminación y genios de la escenografía qué les dan el ámbito acorde para que las «estrellas » brillen….
un equipo trabajando armoniosamente para que la obra sea un éxito
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