En las empresas al frente de los negocios hay tres tipos de personas: los que logran hacer tabula rasa, los que corrigen sobre lo conocido, y los que siguen aferrados al manual viejo como si fuera una tabla de salvación.
Los primeros son raros. Pueden mirar lo que viene sin el filtro del pasado. No es que no tengan experiencia: la tienen, y mucha. Pero no están aferrados a ella. No usan la memoria como excusa para no pensar, sino como trampolín para cuestionar lo que ya no sirve. Son los que se animan a decir: “Si tuviera que armar esto desde cero, ¿lo haría así?” Y muchas veces, la respuesta es no.
Esos son los que ven el cambio antes. Porque no lo están comparando con nada. Lo están entendiendo desde el presente, en una hoja en blanco. Son los que detectan patrones nuevos donde otros solo ven ruido. No se enamoran de lo que hicieron ni de lo que saben. Se vacían para volver a mirar.
Después están los que, con buena voluntad, intentan ajustar lo que conocen. Le buscan la vuelta, maquillan procesos, adaptan estructuras pensadas para otro mundo. A veces funciona. Pero, como quien pretende meter vino nuevo en barriles viejos, muchas veces termina todo derramado.
Y finalmente están los que no pueden soltar. Los que creen que el cambio es un déjà vu y que todo volverá a su cauce si esperan lo suficiente. Son los que hacen del pasado un dogma. Los hacen de la tradición su norte y tienen todo una historia por delante. Los que, frente a lo nuevo, citan anécdotas de los 90, de la convertibilidad, de la híper, como si el futuro fuera una repetición con actores distintos. Y no lo es.
Porque lo que se viene en Argentina no es una corrección. Es un cambio de época. Y los cambios de época no se leen con diarios viejos. Requieren limpiar el pizarrón mental, pensar desde cero, hacerse preguntas incómodas:
– ¿Y si esto no es cíclico, sino estructural?
– ¿Y si el negocio que conocí ya no existe más?
– ¿Y si lo que más domino es lo que más entorpece para entender lo que viene?
La tabula rasa no es olvido. Es coraje. El coraje de soltar certezas para poder ver el presente como es, no como uno quisiera que fuera.
Y eso, en tiempos de cambio, puede ser la diferencia entre liderar el futuro… o ser barrido por él.
