Innovación financiera a dos velocidades

Innovación financiera a dos velocidades

Durante los últimos años, las palabras fintech e insurtech empezaron a sonar con fuerza en América Latina. Aunque ambas apuntan a modernizar servicios clave como las finanzas y los seguros, lo cierto es que sus trayectorias han sido bien distintas. Mientras que el ecosistema fintech avanzó como una ola firme, con impacto social, masividad y mucho capital, el mundo insurtech todavía parece buscar su punto de quiebre. En este artículo intentamos poner sobre la mesa esa diferencia, a la luz de estudios, reportes y lo que podemos ver en el día a día.

Fintech: de promesa a realidad cotidiana

El avance fintech en la región no solo fue veloz, sino profundo. Plataformas como billeteras digitales, apps de inversión o créditos en línea no solo llegaron, se quedaron. En países como Argentina, las fintech se convirtieron en una vía clave para que millones de personas puedan enviar dinero, ahorrar, comprar y hasta pedir préstamos, muchas veces sin haber pisado un banco en su vida. Lo interesante es que no solo fueron bien recibidas: las fintech llenaron vacíos que el sistema financiero tradicional no lograba cubrir. La inclusión financiera, antes un objetivo lejano, se volvió más tangible gracias a estas herramientas.

Además, no es un detalle menor que este sector atrajo inversiones multimillonarias. Hubo años, como 2021, en los que startups fintech de la región captaron buena parte del capital de riesgo mundial. Algunos nombres se volvieron gigantes: Nubank, Ualá, Mercado Pago. Pero más allá de los grandes, lo potente fue la cantidad de soluciones concretas que se multiplicaron: pagos QR, links de cobro, plataformas de inversión en pesos o criptomonedas, y productos adaptados a la economía real de millones.

En síntesis, el ecosistema fintech se volvió parte del paisaje económico y social. Y no por moda: porque resolvió problemas reales, de manera sencilla y accesible.

Insurtech: una transformación que avanza con freno de mano

Por el lado de las insurtech, el recorrido fue algo más tímido. En teoría, la oportunidad era grande: digitalizar un sector como el de los seguros, que todavía funciona con formularios, papeles y trámites eternos. Pero el cambio, aunque empezó, todavía no cuajó con la fuerza que muchos esperaban.

Hoy hay startups que permiten cotizar y contratar seguros 100% online, que integran coberturas dentro de apps de bancos o e-commerce, o que ofrecen microseguros por días. También hay soluciones para que las aseguradoras operen más eficientemente. Pero, en general, el impacto sigue siendo limitado. Muchas insurtech funcionan más como «apoyo digital» para el negocio tradicional que como verdaderos disruptores.

Tampoco ayudó el contexto de inversión. Mientras las fintech rompían récords, las insurtech apenas conseguían financiamiento para crecer. La consecuencia fue lógica: menos expansión, menos visibilidad, y menos llegada al usuario común. Por ahora, sigue siendo un sector con más potencial que presencia.

¿Y si las insurtech se animan a más?

Eso no quiere decir que esté todo dicho. De hecho, si algo mostró la región es que los cambios pueden acelerarse cuando la necesidad empuja. En un continente donde la brecha de protección indica que la mayoría de las personas no tiene ningún tipo de seguro, las insurtech pueden y deben ser parte clave de la transformación digital del mercado asegurador. Lejos de correrse de su rol complementario, su verdadero diferencial puede estar en intensificar su aporte: aportar tecnología, agilidad y foco en la experiencia de usuario a un sector tradicional que todavía arrastra estructuras rígidas.

Las alianzas entre insurtech y aseguradoras tradicionales pueden liderar esa transformación. Y más aún: sumarse a la sinergia con fintech y bancos, integrando soluciones dentro de plataformas más amplias, puede ser la vía para ofrecerle al cliente final lo que realmente busca: practicidad, cobertura integral y soluciones 360° en un mismo entorno digital.

Ya hay quienes lo están haciendo. El desafío ahora es escalarlo, consolidarlo y convertir esa visión en norma, no en excepción.

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