Año Nuevo en un Mundo Nuevo

Año Nuevo en un Mundo Nuevo

2026 arrancó sin vueltas: el mundo no está cambiando, ya cambió. Y esta vez no lo hizo con discursos diplomáticos ni comunicados consensuados. Lo hizo a las piñas. El poder dejó de hablar bajo y volvió a gritar. El que no lo escucha, después que no se queje.
Estados Unidos movió primero. Comercio, tecnología, finanzas, energía. Todo junto y sin pedir permisos. No hay un mensaje, hay una orden:
«𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘦𝘴 𝘦𝘭 𝘵𝘢𝘣𝘭𝘦𝘳𝘰, 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘴 𝘴𝘰𝘯 𝘭𝘢𝘴 𝘳𝘦𝘨𝘭𝘢𝘴 𝘺 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘴 𝘴𝘦𝘳𝘢́𝘯 𝘴𝘶𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘦𝘤𝘶𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢𝘴».
No es ideología. Es poder en estado puro.
Del otro lado, Rusia y China no se han quedado mirando como simples plateístas de la realidad global. Rusia responde como responden los imperios acorralados: conflicto, presión y músculo. China juega distinto: paciencia, industria, productividad, tecnología, financiamiento y una sonrisa impenetrable. No es una Guerra Fría reciclada. Es un mundo fragmentado, sin árbitros y con los puños cerrados y alertas.
Y en el medio aparece Unión Europea, atrapada en sus propias contradicciones. Un proyecto sofisticado, bien intencionado, pero hoy tensionado por una experiencia multicultural que nadie terminó de digerir del todo. Migraciones mal gestionadas, identidades en conflicto, sociedades cansadas, economías presionadas y liderazgos que dudan más de lo que deciden. Europa paga ahora el precio de haber creído que la integración cultural era automática, reversible y sin costos. No lo fue.
Para los países medianos y chicos, el mensaje es brutal: se terminó la ambigüedad cómoda. El “somos amigos de todos” ya no funciona. Alinearse trae beneficios y castigos. No alinearse también. Porque en este nuevo tablero, el que no elige bando igual pagará el peaje. Y con tarifa doble.
Para las empresas, la cosa pinta incómoda. La geopolítica se sentó en el directorio sin mucho aviso. Ya no alcanza con eficiencia, procesos y dashboards prolijos. Hoy importan las banderas, el origen de la tecnología, las cadenas de suministro politizadas y los mercados que mañana pueden cerrarse por una decisión tomada a miles de kilómetros.
Pareciera que este Año Nuevo no promete estabilidad ni finales felices. Promete claridad. Un mundo más explícito, más áspero y menos tolerante con la ingenuidad.
Porque en este Mundo Nuevo, la neutralidad puede ser un mito muy caro…
y seguir mirando para otro lado, probablemente traerá aparejada una forma elegante de perder.

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