Nunca hubo tanta información circulando. Y nunca nos costó tanto interpretarla. Leemos sin entender, opinamos sin pensar y confundimos datos con conocimiento. La crisis de la lectura ya no es educativa: es social, económica y política. La pregunta es simple —y molesta—: ¿qué futuro puede construir una sociedad que ya no comprende lo que lee?
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