Soy un apasionado de los deportes colectivos y un reincidente en trasladar sus enseñanzas al mundo empresario. Pero últimamente una reflexión me hizo revisar algunas de mis propias convicciones. En el deporte, termina el partido, nos vamos a casa y tenemos tiempo para corregir los errores y entrenar. En la empresa, nadie pita el final del juego. Hay que mejorar mientras se sigue jugando. Y, de paso, ganar. Porque una cosa es levantar una copa y otra bastante más complicada es seguir en carrera. En esta nueva reflexión del newsletter de Transformatio, "Ganar no alcanza", me permito cuestionar algunas de esas analogías deportivas que tanto me gustan. Los invito a leerla.
El ADN de la cultura organizacional
¿Te preguntaste por qué es tan difícil cambiar la cultura de una empresa? Quizás porque pretendemos modificar en unos meses hábitos que llevamos décadas construyendo, practicando y hasta premiando. Y porque seguimos creyendo que un nuevo catálogo de valores y un par de talleres motivacionales pueden conseguir semejante milagro. En esta nueva reflexión en modo newsletter, me atrevo a cruzar la genética, la epigenética y la cultura organizacional. Una analogía que deja algunas preguntas interesantes. Especialmente para quienes conducen. «El ADN de la cultura organizacional». Te invito a leerla. Quizás descubramos que lo más difícil de cambiar no es la cultura de los demás.
¿Son compatibles el trabajo y la felicidad?
¿𝗘𝗹 𝘁𝗿𝗮𝗯𝗮𝗷𝗼 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗿𝗻𝗼𝘀 𝗳𝗲𝗹𝗶𝗰𝗲𝘀? La pregunta parece simple, pero no lo es tanto. En tiempos de propósito, bienestar, cultura y experiencia del empleado, quizá convenga revisar qué esperamos realmente del trabajo… y también qué es razonable exigirle. Comparto una reflexión a partir de esta inquietud. Tal vez la felicidad y el trabajo sean compatibles. La discusión interesante empieza después, cuando pretendemos convertir esa compatibilidad en obligación.
Los modelos de gestión son como los vinos
Hay consultores y directivos que defienden modelos de gestión como si no admitieran ningún tipo de cuestionamiento. Y empresas que se empeñan en conservarlos incluso cuando ya dejaron de funcionar. Entre mi experiencia directiva, los años dentro del básquet y alguna que otra copa de buen vino, fui llegando a una conclusión bastante menos dogmática. De eso trata esta reflexión: de los modelos de gestión, sus virtudes, sus limitaciones y esa curiosa costumbre de confundir una simple herramienta con una verdad revelada.
El fracaso no enseña nada
Nos encanta repetir que de los errores se aprende. Es una frase reconfortante, pero no necesariamente cierta. Hay organizaciones que fracasan, hacen una reunión, encuentran una explicación conveniente y siguen adelante. Tiempo después tropiezan con la misma piedra, aunque esta vez con una presentación todavía más elegante. Equivocarse no produce conocimiento automáticamente. Para aprender hay que volver sobre lo ocurrido, hacer preguntas molestas y aceptar que el problema quizá no estaba solamente en el mercado, el contexto, los colaboradores o los clientes. En esta reflexión abordo la diferencia entre analizar un fracaso y limitarse a encontrar culpables; entre experimentar responsablemente y repetir errores conocidos; entre aprender de verdad y perder con storytelling.
Estrategia: decir adónde no explica cómo
Muchas organizaciones pueden explicar con precisión dónde quieren estar dentro de tres o cinco años. Tienen objetivos, presupuestos, indicadores y presentaciones impecables. Pero cuando preguntamos qué deberán cambiar para llegar hasta allí, las respuestas suelen volverse bastante menos precisas. Tal vez porque fijar una meta es relativamente sencillo. Lo difícil es reconocer qué está impidiendo alcanzarla, decidir dónde actuar y aceptar que elegir también supone dejar algo afuera. Sobre esa diferencia, mucho menos semántica de lo que parece, escribí esta nueva reflexión: Estrategia: decir adónde no explica cómo Los invito a leerla. Y, especialmente, a preguntarse si algunas organizaciones están ejecutando mal su estrategia o cumpliendo disciplinadamente un plan que nunca tuvo una





